Mensajes etiquetados Con Gafas Violetas

Cerca de cien (Antología poética), Ida Vitale

 

Cuando Ida Vitale ganó el premio Cervantes, el más prestigioso de las letras en lengua castellana, busqué su poesía de inmediato por tierra, mar y aire. Me acerqué a la librería más cercana dispuesta a devorar cualquiera de sus libros de poemas. La primera sorpresa fue que en la librería más próxima no tenían ningún libro de Ida Vitale, y en la siguiente, tampoco. Fue en la tercera, en Tirant Lo Blanch, donde mi querido Rafa Domínguez, me mostró una pequeña joya llamada Cerca de Cien, la primera antología publicada en España de esta poeta uruguaya, editada por la colección Visor. No se había publicado todavía la antología de Tusquets llamada Poesía reunida que siguió al premio Cervantes ¡Menos mal!

Supe entonces que los escritores galardonados con el premio Cervantes son 35, y de ellos, solo 5 escritoras – cifra que habla por sí sola- siendo Ida Vitale la quinta mujer que ha obtenido el mismo reconocimiento que sus predecesoras  Dulce María Loinaz, María Zambrano , Ana María Matute  y Elena Poniatowska  (Vitale había obtenido con anterioridad el premio Federico García Lorca, 2015 y el premio Reina Sofía en 2016)

LEER MÁS »

Que me quiten lo bailao

 

 

La exposición antológica de los más de 25 años de creación de Pilar Albarracín es un reconocimiento obligatorio a una de nuestras artistas más internacionales. Mucho se ha tardado en concederle un espacio que se merece sin duda alguna, tanto ella como su obra.

Albarracín es una artista multidisciplinar con registros muy amplios, pero es, sobre todo, una artista valiente que se atreve a arriesgar para poner el énfasis en reflexiones que no siempre nos resultan cómodas.

Desde la aparente obra formal que son sus mantones bordados, en los que nos cuela, casi sin que nos demos cuenta, bombas y medicamentos, poniendo sobre la mesa que lo supuestamente bello y normal no lo es tanto, a sus performances grabadas en vídeos en los que presenta el acoso callejero o modos diferentes de escapar de lo privado. LEER MÁS »

Roma

 

 

Desde que el cine llegó a su madurez y todo el mundo puede obtener una excelente fotografía, guiones bien elaborados y un mensaje tranquilizador con su pequeña chispa de polémica, salimos de las salas satisfechos, pero con la sensación de que, una vez más, hemos visto la misma película. Echo de menos experimentación formal, contenidos verdaderamente transgresores y, sobre todo, que ambos se combinen para lograr un efecto contundente. Me maravillan esas películas (o novelas) capaces de sacarnos de nuestra cómoda rutina y sumergirnos en una realidad apabullante, en escenarios que, sin estar construidos para impresionar al espectador, transmiten verdad y una mirada nueva sobre cuestiones que se han ido desgastando por la fuerza de la costumbre.

Todo esto es Roma, de ahí lo merecido de su éxito. Desde el principio, la fotografía en blanco y negro nos traslada a una vida cotidiana donde las mujeres se siguen encargando de procurar el confort indispensable para que en la esfera pública –la única visible– cada cosa esté en su lugar. Y justo en ese punto, cuando percibimos la ausencia de color, aparece el agua, primero de la multitud de símbolos que asimilaremos consciente o subliminalmente. El agua como paradigma de limpieza, pero también de fuerza, salud y trabajo doméstico. En esa existencia sencilla y sacrificada hay niños, un perro, comida, recados, los omnipresentes rumores de la calle y la música de radio, afecto, ilusión, diversiones, un parto angustioso, un heroico salvamento. Cleo –por motivos que no vienen al caso– no puede contar con su auténtica familia, pero es valorada y querida en la casa donde sirve. Con el tiempo, todos esos elementos irán estrechando lazos entre ella y la dueña de la casa, pero será el rechazo de sus respectivas parejas lo que acabará creando complicidad entre una y otra. LEER MÁS »

¿Lesbianas maduras en la sobremesa?

 

¡No me puedo creer que vayamos a empezar el año con una alegría! La serie de sobremesa de TV3, Com si fos ahir, ha iniciado una trama de dos mujeres de una cierta edad (avanzada, se entiende) que se aman.

 

La euforia me viene tanto porque se ha desarrollado de una forma bien natural, como por el hecho de que son dos señoras mayores.

Cuando empezó la trama, ojiplática se me puso esa mirada de siesta con la que veo la serie. Dos amigas, una lesbiana, la otra no, que se lo pasan muy bien juntas hasta que la lesbiana se retira porque, dice textualmente, se estaba colgando de ella; i la otra, claro, la echa mucho de menos. El argumento, pensaba yo, tendrá que continuar por los derroteros propios del género: emoción, idas y venidas y peripecias varias hasta llegar a un desenlace en el que… ¿¡¡Os imagináis que sean felices!!?

Si hacemos una revisión de la ficción lésbica, no podemos olvidar que salimos de un Pozo de Soledad y que antes de ese pozo, solo estaba Safo y para de contar; aunque, haciendo arqueología lésbica, se encuentran un montón de mujeres valientes que desafiaron a la sociedad de su tiempo y ahora son tan Desconocidas como Fascinantes. Pero lo que nos interesa es lo que viene después de ese pozo en el que una mujer, por primera vez en la historia de la literatura, se atreve a decir que ama a otra mujer y no como si fuera su hermana, precisamente. LEER MÁS »

Agenda

Calendario

<< Jul 2019 >>
lmmjvsd
1 2 3 4 5 6 7
8 9 10 11 12 13 14
15 16 17 18 19 20 21
22 23 24 25 26 27 28
29 30 31 1 2 3 4

Buscador por categorías

Suscríbete a nuestro Boletín