La sororidad de las «Súper Empollonas»

En el desierto que supone la cartelera veraniega, ha resultado toda una sorpresa, que me temo ha pasado muy desapercibida, una película cuyo título en español, Súper empollonas, podría hacernos pensar que se trata del típico producto norteamericano para consumo de adolescentes. Afortunadamente seguí la recomendación de la actriz y directora Leticia Dolera y disfruté de una película en la que, de manera muy feminista, se les da la vuelta a las clásicas producciones estadounidenses de jóvenes desmadrados, institutos de secundaria y graduaciones. Dirigida por la actriz Olivia Wilde, producida por Gloria Sánchez y escrita por tres mujeres (Emily Halpern, Sarah Haskins y Susanna Fogel), Booksmart, que es su título original, nos cuenta la peripecia de dos amigas, que justo al terminar la secundaria se dan cuenta de todo lo que no han vivido debido a su obsesión por sacar buenas notas y así tener acceso a una prestigiosa universidad. Este punto de partida es el pretexto para que la película, llena de diálogos brillantes y de humor inteligente, nos muestre una especie de retrato de la generación de nuestros hijos y, muy especialmente, de unas chicas que no están dispuestas a seguir las reglas de siempre. A diferencia de las clásicas producciones que todas podemos tener en mente, y en las que las chicas siempre han sido personajes secundarios de la trama o pretextos, habitualmente sexualizados, para que los protagonistas hombres pongan a prueba su masculinidad, las Súper empollonas llevan las riendas de la acción, son las heroínas imperfectas de la trama y actúan en función de sus deseos, intereses y aspiraciones. Y hasta las vemos dueñas y señoras de su sexualidad, sin que ésta, como es lo más habitual en el cine comercial, esté en función de los deseos masculinos. A su lado, los chicos que aparecen en un segundo plano parecen niños que se resisten a crecer por más que se crean los dueños de los púlpitos. Ellas, son el futuro, vienen pisando fuerte. Ya era hora, por cierto.

Uno de los mayores aciertos de la película es la interpretación de las dos protagonistas. Beanie Feldstein y Kaitlyn Dever componen dos personajes de los que es imposible no enamorarte. La relación que mantienen es, además, el reverso de las que habitualmente vemos entre chicos, tan centradas en el mantenimiento de la fratría y en la demostración permanente de la virilidad. En ellas, por el contrario, lo que encontramos es un permanente ejercicio de sororidad. Todo un ejemplo, en lo emocional, pero también en la praxis de un presente en el que ya nada va a ser como era y en el que los hombres, tan poco dados a cuestionarnos, deberíamos empezar a cuestionar nuestro lugar en el cine… y en la vida.

Con uno de los más bellos y optimistas finales que he visto últimamente en la pantalla, Súper empollonas es una de esas películas que nos demuestran por qué es tan necesario y urgente que haya más mujeres haciendo cine. Además de enseñarnos, como solo ellas saben hacerlo, que con humor y cuidados no hay obstáculos que no podamos, como mínimo, afrontar.

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