Josefina Bueno: “El feminismo no es sólo cosa de mujeres”

Josefina Bueno CyMNuestra habitación de invitadas siempre está lista para recibir a voces referentes del feminismo. Desde Clásicas y Modernas prometemos esforzarnos por ser buenas anfitrionas. Mira quién se ha hospedado recientemente: Josefina Bueno (1966). Doctora en Filosofía y Letras por la Universidad de Murcia especializada en literaturas y culturas africanas. Ha sido investigadora principal de varios proyectos de I+D+i del Ministerio de Ciencia e Innovación y ha desempeñado diferentes cargos directivos en la Universidad de Alicante hasta que en 2015 fue nombrada directora general de Universidad, Investigación y Ciencia por la Generalitat Valenciana, un puesto que ha dejado recientemente al ser elegida como senadora territorial por la Comunitat Valenciana.

¿Qué te ha quedado pendiente como directora general de Universidad, Investigación y Ciencia en la Conselleria de Educación?

Aunque es una frase discutida, “la política es el arte de lo posible”. Dicho de otra manera: no siempre es posible hacer todo lo que se desea, sino lo que finalmente puedes hacer. Todas las acciones que se realizan deben estar incluidas en los planes que tiene la Conselleria, requieren presupuesto destinado a ello y deben adecuarse a los tiempos y normas de la Administración. En resumen, estoy bastante satisfecha de lo realizado desde la dirección general. Siempre quedan cosas por hacer, como seguir aumentando las becas, reducir las tasas universitarias, fomentar la incorporación de talento, profundizar en el papel que debe jugar la mujer en la investigación, la docencia y la transferencia de conocimiento, y un largo etcétera, pero en todos y cada uno de ellos se han dado pasos importantes, en los que, desde la nueva Conselleria, con más personal y recursos, estoy convencida de que se avanzará todavía más.

¿Cómo has pensado aprovechar su experiencia en al ámbito académico para tu presente labor como senadora?

Mi labor docente e investigadora es mi profesión ya que soy catedrática de la Universidad de Alicante y llevo en ella desde 1992. Mi cargo de directora general de Universidad, Investigación y Ciencia me ha permitido tener un amplio conocimiento de la gestión de las universidades y de la gestión de la política científica. Como en gran parte de las democracias modernas, el Senado es la cámara alta, complementaria al Congreso de los Diputados, cuyas funciones quedan patentes en la Constitución. Como institución representativa, tiene un papel destacado en la promulgación de las leyes y en el ámbito territorial. En estos momentos existe una demanda por parte de las universidades y un compromiso por parte del Ministerio de trabajar en una nueva Ley de Universidades y ahí, como en otros temas que afectan a la educación, a la investigación o a la igualdad, creo que puedo aportar el conocimiento y la experiencia adquirida durante estos años, tanto como docente e investigadora, como en la gestión política desde la Dirección General de Universidades de la Comunidad Valenciana, que es una de las más importantes del país. Porque no está todo hecho y, en lo que afecta a la igualdad en el ámbito universitario y científico, tenemos que emprender acciones para hacerlo más inclusivo, para normalizar la perspectiva de género en la investigación y para conseguir que la igualdad llegue a todas las esferas de responsabilidad en las universidades.

En concreto, ¿qué se debería hacer, en tu opinión, para aumentar la presencia de las mujeres en las altas esferas universitarias y políticas?

Como reflexión inicial y como mujer que se declara feminista, es de justicia afirmar que los avances en igualdad han venido y siguen viniendo desde el movimiento feminista. Lo he dicho y escrito: el feminismo no es sólo cosa de mujeres, sino la expresión de una sociedad igualitaria. El feminismo persigue que la diferencia sexual no se convierta en una diferencia política. Por tanto, si hoy tenemos un consejo de ministras con mayoría de mujeres, no es fruto del azar, sino de muchos años (siglos) de reivindicaciones feministas. Gracias a esta ideología y a las mujeres y hombres feministas que han trabajado desde los partidos hemos llegado hasta aquí. Dicho esto, creo en las cuotas, necesarias al menos en tanto en cuanto seguimos encontrando una desigualdad estructural que se da entre hombres y mujeres. Gracias a las cuotas, a las listas cremallera, encontramos a mujeres en puestos de relevancia política. Ello no significa que esté todo conseguido. Hemos iniciado un camino que tenemos que fortalecer entre todas. Las mujeres tenemos que ser conscientes de que cuando estamos en algún lugar de responsabilidad política estamos en nombre de una colectividad y que nuestra presencia es una presencia ideológica. Por tanto, no importa tanto el lugar que ocupes, siempre y cuando seas consciente de dónde vienes y la repercusión que pueden tener tus actuaciones para el colectivo que representas, las mujeres.

Resumiría en tres los puntos en lo que hay seguir que seguir trabajando para reforzar y empoderar la presencia de las mujeres en política. Primero, que la igualdad tiene que ser un tema prioritario y transversal en la agenda política, porque afecta a más del 50% de la población. Segundo, que hay que incorporar a las mujeres en todos los niveles de responsabilidad política, siendo conscientes que la presencia de las mujeres no implica necesariamente llevar a cabo políticas feministas. En otras palabras, la presencia de mujeres no garantiza avances en políticas de igualdad, porque como afirma Amelia Valcárcel, el feminismo no viene de serie en las mujeres. Y tercero, que hemos de construir y reforzar el liderazgo de las mujeres en la política en general y dentro de los partidos. Los hombres lo hacen no porque sean más inteligentes, llevan haciéndolo muchos años y saben cómo tejer complicidades.

En lo que afecta a la universidad, voy a simplificarlo en unas cifras concretas. Las mujeres catedráticas de universidad representan el 21% de media en las universidades públicas; de las 50 universidades públicas, sólo encontramos ocho rectoras (Valencia, UJI, Rovira i Virgili, Granada, Huelva, Autónoma de Barcelona, País Vasco, UIMP). Es muy sencillo: para presentarse a rector/a hay que ser catedrático/a y, luego, salir elegido/a. Lo que es evidente es que ese desequilibrio, no se debe única y exclusivamente a una menor valía o a una falta de deseo que dirigir la institución académica. Como escribí recientemente en un artículo, esta ausencia de mujeres en las más altas esferas de la institución académica no refleja la realidad. Las estudiantes representan un 54% y las profesoras son legión. En segundo lugar, los desequilibrios de representación tienen más que ver con roles y estereotipos de género derivados de una segregación sexista de la sociedad y no tanto con la falta de mérito o capacidad de las profesoras. Necesitamos, por tanto, asumir el diagnóstico e implantar medidas correctoras.

Recién designada como senadora territorial, afirmabas en Twitter que esto representa “un reto” para ti y “que hay mitos que eliminar”. ¿A cuáles te refieres concretamente y cómo pretendes derribarlos?

Mi designación como senadora territorial es un honor que afronto con gran responsabilidad y soy consciente de que la actividad política requiere un gran compromiso y una fuerte convicción de servicio público. En cuanto a la expresión “hay mitos que derribar”, me refería a que, a veces, la actividad política es vista con connotaciones negativas, carente de obligaciones, carente de la rendición de cuentas, alejada de la realidad de la ciudadanía… Y eso es lo que creo que se ha de corregir. Para ello, es necesaria una tarea de divulgación de lo que hacemos y mucha pedagogía. Si la ciudadanía no ve importante la tarea de los políticos, desconfiarán de la política y de las instituciones del Estado y eso termina debilitando a la democracia.

¿Por qué dirías que una institución como el Senado es necesaria para la democracia española?

El artículo 69 de la Constitución española define el Senado como la cámara de representación territorial. Además de los senadores y senadoras que cada provincia elige por sufragio universal, las comunidades autónomas pueden elegir a uno/a más por cada millón de habitantes. Yo he sido designada senadora territorial por las Cortes Valencianas, respondiendo a la doble definición del Senado. Por un lado, representa al pueblo español y desarrolla una función de reflexión pudiendo examinar, oponerse o modificar las decisiones de la Cámara Baja mediante vetos o enmiendas. Por otro, es la cámara de representación territorial. Este segundo aspecto es consecuencia de la configuración del Estado en comunidades autónomas. De lo que se trata con esta definición es de dar entrada en el Parlamento central a la voz e intereses de estas entidades territoriales para conseguir una integración y coordinación mayor entre los poderes centrales y los autonómicos. Este rasgo diferencia claramente al Senado del Congreso de los Diputados y, por tanto, su deber es aportar riqueza y pluralidad a la representación de la ciudadanía a través de sus instituciones.

¿Qué es lo que más te ha sorprendido de las últimas elecciones (nacionales y autonómicas) y cuáles esperas que sean los grandes cambios a alcanzar en la actual legislatura?

Al margen de la fragmentación y la pluralidad de partidos que ya empezaba a vislumbrarse en las elecciones de 2016, estas han sido las elecciones que han hecho posible la entrada de la extrema derecha en algunos ayuntamientos, en el Congreso de los Diputados y en algunos parlamentos autonómicos. Esto es, sin duda, una mala noticia porque su ideario es xenófobo, rechaza per se al inmigrante, homófobo, no reconocen la diversidad sexual y machista, ya que no reconocen la violencia machista y pretenden difuminarla como “violencia intrafamiliar”. Desprecian y atacan al movimiento feminista denominando a quienes lo defienden bajo el calificativo de feminazis. Este partido no sólo pretende coartar derechos y libertades ya adquiridas, sino que nos retrotrae al pasado y supone un pensamiento totalitario y dictatorial de lo que debe y no debe ser. El peligro es que, si en los demás países europeos el cordón sanitario le ha sido impuesto a la extrema derecha, en España el bloque de derechas ha optado por pactos de gobierno que la blanquean, la justifican y la legitiman. Vivimos en la política española momentos de confrontación de bloques con escenarios de gobiernos llenos de incertidumbres y pluralidades. Esto no es malo, pero sí que es un fenómeno nuevo. No será fácil enfrentarse a este reto.

Hablando de retos, ¿cuáles dirías que son los principales que afronta el feminismo en el presente?

Tras el 8 de marzo del 2018, que representó un hito y puso a España en los más importantes diarios internacionales como país feminista, tras el movimiento Me Too, que no es más que el hartazgo de muchas mujeres que han decidido denunciar y verbalizar comportamientos sexistas y machistas en los ámbitos laborales, pero también en la vida cotidiana, asistimos a una especie de empoderamiento de esta ideología. Al contrario que hace unos años, cada vez más mujeres y cada vez más jóvenes se declaran feministas y se adhieren a la lucha por la igualdad y contra los comportamientos machistas. Ahora bien, el principal reto es que el movimiento siga vivo y se traduzca en avances reales. De nada nos sirve que las manifestaciones llenen las calles y sigamos viviendo una sociedad desigual con salarios desiguales, con la asignatura pendiente de la corresponsabilidad o siendo prácticamente invisibles en muchos e importantes sectores de la sociedad, como la industria o las nuevas tecnologías. La violencia machista y las agresiones sexuales son la expresión más cruel de la desigualdad. Ese “la maté porque era mía y de nadie más” o las agresiones machistas que traducen una concepción del cuerpo de las mujeres como objeto de consumo sexual nos recuerda que, además de legislar en igualdad, la educación es la mejor herramienta para que la convivencia entre los sexos se desarrolle en igualdad y con respeto.

Por último, ¿qué mensaje te gustaría dejar para la próxima generación de mujeres como legado?

Si las mujeres hemos avanzado en derechos y libertades, si hemos avanzado en cuotas de participación y visibilidad, ha sido por el empeño, la lucha y las reivindicaciones de las que nos han precedido. Ellas, con sus trayectorias, con sus escritos, como es el caso de las escritoras feministas desde la Ilustración, han marcado el camino y su legado nos sigue iluminando hoy. Mi legado es el haber llevado a cabo una trayectoria personal, académica y política en pro de la igualdad de derechos, libertades y reconocimiento de las mujeres. Porque el feminismo es una opción personal de vida que favorece a una causa común, las mujeres.

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