Itziar Pascual, dramaturga, periodista, investigadora y feminista, galardonada con el Premio Nacional de Teatro para la Infancia y la Juventud

Itziar Pascual (Foto: Ayeisa S. de Rojas)

PERIODISTA: (…) Todo lo que damos al mar, el mar nos lo devuelve. Ese continente, de gran y pequeño tamaño vuelve a la cadena alimenticia. Comemos bonitos, atunes, caballas o jureles que se han alimentado de plástico. De forma que nosotros también comemos plástico.

Hay otros plásticos más difíciles de percibir, como el laminado de los invernaderos, transparentes. Mallas pesqueras, cuerdas y bolsas, acaban en los estómagos de los animales, que mueren por obstrucción intestinal. Y cuando mueren, la carne se pudre, pero las bolsas siguen en el mar. Y vuelven a matar.

¿La ballena de Getaria estaba llena de plástico? Tenía que averiguarlo. (PERIODISTA cierra su cuaderno, se dispone a salir).

Por cierto. Cuando salgan de aquí ¿saben lo que van a cenar?

(PERIODISTA sale.)

La niña y la ballena

(Neska eta balea)

(2017)

Itziar Pascual gana en solitario el Premio Nacional de Teatro para la Infancia y la juventud, concedido en la historia de este premio a compañías teatrales. Pero el calificativo “en solitario” se convierte en oxímoron, si le añadimos “en solitario acompañada” o “sola en compañía”. Porque ella acompaña en los procesos de creación. Desde su tarea pedagógica en la RESAD formando a sucesivas generaciones de dramaturgas y dramaturgos, o directora de proyectos como el VI Laboratorio de Escritura Teatral SGAE, a su trabajo con compañías como la cacereña Karlik Danza Teatro, en la puesta en escena de La vida de los salmones, Premio SGAE de Teatro Infantil y La mujer árbol

Ha difundido en España la obra de Suzanne Lebeau, en conferencias y encuentros; ha escrito Suzanne Lebeau. Las huellas de la esperanza. Su obra dramática está marcada por una mirada que da voz a personajes femeninos, algunos verdaderos mitos del teatro universal. Con el colectivo Marías Guerreras escribió Casandra, Electra y Salomé, en Tras las tocas, así como Varadas y Sana, sana. Su reescritura mítica pone en el centro de la acción a Penélope, en Las voces de Penélope, o a Antígona en Antígona, recién editada y que aporta un luminoso enfoque. Y Mi niña, niña mía, escrita junto a Amaranta Osorio, y que se ha estrenado este año en el Teatro Español, con dirección de Natalia Menéndez, pone el foco en la vida en el campo de Terezin, de la actriz checa Vava Schoenova.

Es frecuente en su creación, el empleo de historias de vida reales como detonante. Vidas de mujeres como la futbolista de la selección femenina de Sudáfrica Eudy Simelane, luchadora por los derechos del colectivo LGTB, que fue asesinada y violada en 2008 por 20 hombres, en Eudy; como la coreógrafa y bailarina alemana Pina Bausch, en Mascando ortigas; y la bióloga y Premio Nobel de la Paz keniana, Wangari Maathai, en La mujer árbol.

Sus últimos títulos tocan temas como la ecología, los ritos iniciáticos de la adolescencia o la formación de la identidad en la infancia y la juventud, como en Un aroma de vainilla, Ainhara, Mascando ortigas, y La vida de los salmones, en las que Pascual compone novedosos personajes femeninos en niñas y adolescentes, consciente de que es en estas etapas, en las que se construyen los roles de género. En otoño de este año 2019 se estrena Clic, apenas un instante, escrito junto a Amaranta Osorio. Se trata de un texto sobre el malestar de la adolescencia, II Premio de Literatura Dramática de la Fundación Teatro Calderón de Valladolid.

Nieves Mateo es actriz, periodista e investigadora; profesora en la RESAD y el CEU San Pablo. Ha trabajado en algunas obras de Itziar Pascual como actriz y productora; ha formado parte de las Marías Guerreras; pertenece al Consejo de Redacción de la revista Primer Acto.

Noticia en el El País Cultura

 

 

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