Discurso de Concha Hernández (CyM) ante la recepción de la insignia a las Artes y las Letras: «Elogio a la cultura»

 

Concha Herández

Concha Hernández y el Embajador de Francia/ Fotografía cortesía de la Embajada Francesa en España.

En Clásicas y Modernas celebramos con sincera alegría este homenaje a nuestra querida Concha Hernández en el que estuvimos representadas por las vicepresidentas primera y segunda Margarita Borja y Marifé Santiago y por la socia Oliva Blanco Corujo.

En su discurso, que publicamos íntegro aquí, Concha aludió a su trabajo en equipo en la gestión cultural del Centro, destacando como una de las líneas sobresalientes su adhesión a las Temporadas Igualdad en las Artes Escénicas CyM.

El Embajador de Francia valoró la extensa actividad como gestora cultural, sus numerosas colaboraciones con instituciones francesas y la inmediata respuesta solidaria que dio Conde Duque tras los atentados en la Sala Bataclán de París. El embajador Yves Saint Geours, que no olvidó citar al Mouvement HF pour l’ Égalité HF dans les Arts et la Culture, tuvo la delicadeza de imponerle la insignia nombrándola “Dama” de las Artes y las Letras Francesas”, que no “Chevalier”, como la oficialidad de título todavía sostiene; un claro gesto de reconocimiento a las luchas del feminismo francés por la visibilidad de las contribuciones de mujeres a la herencia cultural y la feminización del lenguaje, y un gesto cómplice que alumbra puntos de apoyo en el mapa. Desde estas líneas felicitamos con mucha emoción a Concha Hernández y agradecemos al embajador su postura sensible al feminismo.

Discurso de Concha Hernández. Elogio de la cultura

Merçi beaucoup Monsieur l’Ambassadeur. C’est avec honneur et une grande émotion que je reçois cette distinction qui a une si grande importance pour le monde de la culture auquel j’appartiens.

Con honor porque me lo otorga un país cuya lengua fue la primera diferente a la mía que aprendí cuando era niña. La lengua de un país que ha hecho de la cultura una de sus principales señas de identidad y por ello cuenta con la admiración y el respeto de quienes nos dedicamos a la gestión cultural.

Concha Hernández

Concha Hernandez junto a su madre famlia y vecinos Cabezas del Villar/ Foto de German Gomez

Y con emoción porque estoy rodeada de las personas que me acompañan en la vida. En la profesional y en la familiar.
Procedo de una familia humilde de un pequeño pueblo de la provincia de Ávila, Cabezas del Villar. De una familia de mujeres inteligentes y valerosas, que no pudieron ser ellas mismas, como mi madre Lidia o mi abuela Eugenia, y de hombres buenos que sufrieron la humillación de perder una guerra luchando por los valores democráticos, como mi padre, Pablo.

Soy la primera mujer de mi familia que estudió una carrera universitaria y en mi memoria habita aún la imagen de un abuelo que no conocí, Ricardo, que hacía leer a todos sus hijos por las noches, una vez acabadas las tareas del campo, unos libros traídos de Salamanca en un tiempo de pan y cultura, de trabajo y cultura; tiempos de La Barraca, de García Lorca. Casualidades de la vida, mi madre y sus hermanos crecieron leyendo en voz alta a la luz del candil, porque no había luz eléctrica todavía, el Conde de Montecristo de Alexandre Dumas o a Emile Zola. Literatura francesa.

Unos libros que más tarde la dictadura franquista incluiría en su extensa lista de lecturas prohibidas, y que en los años 60 mis primos mayores volverían a comprar en su país, Francia, país de obligada visita para aquellos españoles con ansias de libertad.

Aquel empeño de los abuelos en que todos, chicos y grandes, leyeran por las noches, marcó mi desarrollo como persona y es hoy un símbolo para mí de lo que suponía para ellos la cultura y la educación: los valores que deben acompañar y distinguir al ser humano.

Un empeño que también impregnó el éxodo del campo a la ciudad, Madrid, mi ciudad, que muchos españoles como mis padres emprendieron, como tantas otras familias en aquella España de los años 60, para que sus hijos pudieran estudiar y tener un futuro mejor.

Hoy este legado pasa, en mi caso, a mi hija, Alicia, que pertenece a la primera generación que ha sido educada en igualdad en nuestro país. Una igualdad que a pesar de tener leyes que la amparan no termina de hacerse realidad. Una igualdad que tampoco llega a la cultura, donde las mujeres siguen teniendo una escasa presencia, a pesar de que ellas son mayoría en las carreras de letras, y un país en el que el paro se ceba de manera escandalosa con los más jóvenes.

Sigo pensando, al igual que mis padres y mis abuelos, que la cultura además de provocar sentimientos colectivos que fortalecen las sociedades, que vertebran el tejido social, es un elemento indisoluble del crecimiento de las personas y que debería ser un factor económico generador de puestos de trabajo.

Por todo ello, desde Conde Duque el equipo que me acompaña en la gestión del centro cultural ha establecido como líneas de trabajo prioritarias el apoyo a los jóvenes creadores y a las mujeres. A través del festival Ellas Crean, de la artes escénicas, de la música, del cine, de los ensayos abiertos, en los que el público conecta con los artistas participando en los procesos de creación y suscribiendo las Temporadas de Igualdad promovidas por la asociación Clásicas y Modernas, inspiradas en el Mouvement Hommes/Femmes dans les Arts et la Culture que se desarrolla en Francia desde hace más de cinco años y que busca equilibrar la presencia de las mujeres en todos los ámbitos de la creación artística.

Un compromiso ético que hemos establecido los hombres y mujeres que trabajamos en Conde Duque, y que las compañías de teatro y danza que acogemos están incorporando de manera natural en sus propuestas.

Concha Hernández

De izquierda a derecha, la escritora Marifé Santiago Bolaños; la vicepresidenta 1ª de la asociación Clásicas y Modernas Margarita Borja; la bailaora María Pagés; el embajador Yves Saint-Geours; Concha Hernández; la cantaora Carmen Linares; el periodista Miguel Espín; Joaquín Nieto, director de la Oficina para España de la Organización Internacional del Trabajo; y la pianista Lola Fernández Marín. Abajo, el escritor y poeta Fernando Beltrán /Foto de German Gómez

Hoy me acompañan en este acto estos magníficos profesionales con quienes tengo el privilegio de compartir mi tiempo de trabajo y a quienes hago partícipes de este galardón. Ellos son los que hacen posible la magia que acompaña cualquier manifestación artística. Son/somos mediadores entre los artistas y el público. Con ellos me fundo en un único corazón que late acompasado cuando se apagan las luces, cuando empieza una función, un concierto… y juntos nos emocionamos con la palabra, con la música, con la danza, viviendo con los artistas los nervios de un estreno, las lágrimas emocionadas, las oportunidades que se abren, el calor de los aplausos…. asistiendo a los momentos únicos e irrepetibles que propician el talento y la belleza unidos.

Ellos hacen posible cada día el milagro de la cultura en nuestro país.

Ellos hicieron posible que hace un año el auditorio de Conde Duque se fundiera en un solidario abrazo con la sala de conciertos Bataclan, al día siguiente de la barbarie. “La vie en rose” cantada por un emocionado Kurt Elling se convertía en un himno en defensa de la cultura y de la libertad, mientras los colores de la bandera francesa teñían la fachada del centro cultural.

Muchas gracias, Embajador, a usted y a su país por formar parte de nuestra vida y de nuestra cultura, por ser un ejemplo para nosotros, por ofrecernos modelos de mujeres inteligentes como Marie Curie, luchadoras por los derechos de las mujeres como Olympe de Gouges, pensadoras como Simone de Beauvoir, ellas alfombraron el camino por el que transitamos las mujeres ahora. Cuentan con nuestra admiración y con nuestro respeto.

A pesar de vivir tiempos convulsos, en los que algunos se empeñan en hurtarnos los valores que distinguen al ser humano, seguiremos intentando que la cultura y la educación ocupen el lugar y el valor social que les corresponde. El que le dieron nuestros abuelos.

Muchas gracias, Nicolás, gracias Jean Marc, gracias Pascal, gracias, Aline. Gracias a los amigos del Instituto Francés con quienes cada año vivimos tantos momentos de cultura compartida.

Muchas gracias querido Embajador,

con honor y con emoción.

Concha Hernández

Concha Hernández y el Embajjador de Francia/ Fotografía cortesía de la Embajada de Francia en España

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