Carmen Alborch: “Ser feminista me da tranquilidad”

Carmen Alborch Clasicas y Modernas feminismoNuestra habitación de invitadas siempre está lista para recibir a voces referentes del feminismo. Desde Clásicas y Modernas prometemos esforzarnos por ser buenas anfitrionas. Mira quién se ha hospedado recientemente: Carmen Alborch (1947). Política y escritora. Estudió Derecho en la Universitat de València y llegó a convertirse en la primera mujer decana de la correspondiente facultad. Entre finales de los 80 y principios de los 90 fue Directora General de Cultura de la Generalitat Valenciana, así como directora del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM). En 1993 pasó a formar parte del Gobierno central como la primera ministra de Cultura de la democracia en España. Muchas la conoceréis, además, como nuestra socia de honor.

La actualidad manda: pregunta obligada sobre qué te parece José Guirao como nuevo Ministro de Cultura.

Me encanta. Es amigo mío y la amistad siempre es producto de confianza. Pero es que él, además, es una persona con muchísima experiencia. De hecho, yo lo llamé cuando fui Ministra de Cultura para que fuese director general de Bellas Artes. Le he visto trabajar muy de cerca y tiene muy buena preparación. Es más: siempre resuelve bien los problemas porque tiene muy buen carácter, lo cual facilita mucho las cosas. Justamente ahora hablamos mucho de diálogo y él es una persona dialogante. Siento que estamos en buenas manos.

Independientemente de la noticia que ha forzado su dimisión, ¿consideras que Màxim Huerta era una elección acertada?

Reconozco que fue una sorpresa, pero siempre pienso que hay que dar una oportunidad a las personas, confiar en el criterio de quien lo ha nombrado y ver cómo se desenvuelve. Pero sí: a mucha gente del mundo de la cultura le pareció que este nombramiento presentaba demasiados interrogantes, por decirlo de alguna manera.

Desde hace unos días usamos la expresión Consejo de Ministras. Sin embargo, no más cantidad de mujeres implica necesariamente más perspectiva de género…

Es verdad, pero tengo gran confianza en Carmen Calvo, la vicepresidenta del Gobierno, quien sí tiene esa perspectiva de género y puede contagiarla. También me da muchísima confianza Soledad Murillo como Secretaria de Estado de Igualdad. En definitiva, hay que ver siempre el trabajo de las personas. Ellas, por ejemplo, han sido propulsoras de la Ley de Igualdad y la Ley contra la Violencia de Género. Además, las nuevas ministras que más conozco, como Carmen Montón, son también mujeres muy comprometidas. Claro está que el feminismo no solo son planes o proyectos de igualdad, sino una revolución. Esto va a llevar muchísimo tiempo porque hablamos de un cambio de valores en la sociedad. Es una cuestión de perseverancia, pero tengo confianza.

Si la cartera del Ministerio de Cultura volviese a ser confiada en tus manos, ¿cuáles serían las primeras medidas que tomarías?

No, por favor (risas). Sin duda, lo primero sería tomarme muy en serio la aplicación del artículo 26 de la Ley de Igualdad para impulsar la creatividad de las mujeres y visibilizar nuestra presencia en el mundo de la cultura. Desde un primer momento me acompañaría y buscaría complicidad con el movimiento feminista para que impregne el Ministerio de Cultura y de Deporte, un ámbito que tampoco hemos de olvidar. A partir de ahí, promovería una presencia equilibrada en lo que llamamos los tempos del saber, esos en los que estamos ausentes.

¿Qué recuerdas con más cariño de tu época en el Gobierno?

Fue una oportunidad espléndida para sentir la responsabilidad de lo que es tener la cartera de cultura, para formar parte de un gobierno socialista y para conocer a mucha gente a la que admiro, como Ana María Matute. Porque, si la cultura te apasiona, de la pasión a la admiración no hay más que un paso. También tuve la gran suerte de asistir a la Conferencia Mundial sobre la Mujer de Pekín en 1995. Ahora pienso en todo eso y me doy cuenta de los frutos que derivan de aquello que las mujeres de mi generación y anteriores sembramos.

Has sido una mujer pionera en diferentes posiciones de poder: decana, ministra, directora de museo. ¿Cuál es la principal lección que has aprendido al liderar esta “apertura de caminos” para otras mujeres?

Que hay que ser valientes, tener convicciones firmes, tejer redes y seguir los caminos de la reflexión. Porque el activismo no es incompatible con el pensamiento. Yo sigo participando en una selección de grupos de reflexión feminista, ya que nunca hay que dejar de estudiar y profundizar. También he aprendido que no nos podemos desanimar y que para eso es muy importante la sororidad. Al estar juntas podemos compartir experiencias, ideas y estados de ánimo.

Una huelga general con motivo del 8M, el movimiento #MeToo, la reacción “Nosotras somos la manada” o “Yo sí te creo”… ¿Dirías que las mujeres estamos protagonizando una revolución o se trata de algo coyuntural?

Creo que estamos ya en la cuarta ola del feminismo. Vivimos una gran efervescencia y estamos cambiando la sociedad. Si analizamos la evolución desde el sufragismo hasta nuestros días, observamos un gran nivel de profundización. Además, vinculado al poder. Venimos hablando de ello desde hace mucho tiempo, pero solo habíamos tenido experiencias puntuales. No sabemos realmente si las mujeres ejercemos el poder de una manera diferente porque no hemos tenido oportunidad de hacerlo de una manera equilibrada. Pero a partir de ahora ya podremos hacer una valoración.

¿Y qué falla para que no hayamos roto en general el llamado “techo de cristal” todavía?

Es una de las grandes resistencias que hay en la sociedad porque el poder se ha creado, repartido y cooptado entre los hombres. Además, siempre que ha habido una renovación nos ha afectado, por lo que no hemos podido consolidar el liderazgo femenino. Pero creo que ahora vamos a tener esa oportunidad, así que hemos de apoyarnos las unas a las otras creando redes en el ámbito del poder político, económico y académico. Si realmente llegamos a ser poderosas, nuestra imagen cambiará radicalmente.

Resulta imposible no preguntarte también sobre tu faceta como escritora, ya que tu libro Solas (1999) sigue siendo un referente. ¿Qué se siente al ser autora de una obra así?

Muchísima ilusión. El otro día justo hablaba con mi editora que vamos a hacer 20 años de su publicación. Cuando perdimos las elecciones me llamaron para que escribiera un libro sobre mi experiencia. Al principio me negué, pero luego pensé que valía la pena hablar de ese fenómeno que es la soledad y así establecí otra relación con la sociedad. Fue un cambio vital importantísimo. A mí me cuesta mucho escribir, pero me alegro de haberlo hecho. Mujeres de todo tipo y en diferentes contextos me han comentado y me comentan que les ayuda mucho la lectura de este libro. Guardo la sensación de haber hecho algo que sirve.

Dices que te cuesta mucho escribir y tu última incursión literaria fue Los placeres de la edad en 2014. ¿Entonces no tienes previsto volver a enfrentarte a la hoja en blanco de nuevo?

Voy a confesar algo: yo no quería escribir más, porque cuando estás en ese proceso parece que no tienes tiempo para otra cosa por todo lo que implica y, además, resucitan todas las inseguridades. Sin embargo, hace unos meses, a raíz de una entrevista que me hicieron, me llamó mi editora para proponerme que escribiese sobre un tema que sí que no voy a decir (risas) y estoy en ello.

¿Qué te inspiran las nuevas generaciones de mujeres?

Creo que tienen muchos motivos para sentirse bien. Me refiero tanto a la autoestima individual como a la colectiva. Porque están muy formadas y tienen más oportunidades. No obstante, la violencia de género sigue estando ahí. Teóricamente se mueven en la sociedad con mayor libertad, pero a la vez pasan episodios dramáticos porque todavía salen a la calle con miedo. Así que falta mucho aprendizaje, sobre todo por parte de ellos. Nosotras hemos tenido una evolución tremenda, porque hemos mirado hacia nuestro interior para conquistar libertades y derechos. Diría que ha habido una explosión de conciencia, así que las jóvenes me inspiran mucha confianza y me encanta verlas tan reivindicativas.

Si ahora te diesen un altavoz y pudieses dirigirte a esas jóvenes, ¿cuál sería tu mensaje?

Les diría que ser mujer es algo maravilloso y que hemos de interiorizar nuestra dignidad y libertad, el respeto hacia nosotras mismas y la exigencia de que los demás también han de respetar nuestros movimientos, creatividad, espacio, sexualidad… En resumen, todo lo que implica el feminismo por definición. A mí ser feminista me da tranquilidad, porque este movimiento aporta las claves necesarias para interpretar el mundo.

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