Atravesando cristales: “Hepomene toi logismoi”.

 

La mujer moderna se ha problematizado despolitizando el malestar social y haciéndolo privado. La locura, real o impuesta, ha sido una categoría que daba carta blanca al poder para someter a los inadaptados.

¿Es la locura un constructo social?

Betty Friedan fue la primera en ponerle nombre a las conductas autodestructivas de muchas mujeres insatisfechas predestinadas a cumplir con lo “biológico” como destino. Probablemente la psicologización fue esa estrategia más que necesaria para doblegar nuestras fuerzas y normativizar lo hegemónico.

Elise Cowen no encajaba en la sociedad burguesa, ni en la universidad para señoritas, ni entre la fratria intelectual masculina (por muy beat que esta fuera). El mecanismo de patologizar lo molesto tuvo siempre un objetivo: resistir al cambio social diciendo qué es normal.

Joyce Johnson decía que Elise había nacido demasiado pronto, en una época muy intolerante para mujeres, que como ella, escribían poemas como “Quise un coño de placer dorado” o “Muerte, ya llego”. Aquella joven judía no quería casarse, ni asistir a clases, sí una identidad propia. Sus tristezas probablemente no fueran más que las continuas desilusiones de verse situada en el mundo como lo fue: criada de sus amantes o mecanógrafa.

Tras sus salidas y entradas del psiquiátrico fue diagnosticada como maniacodepresiva, y tiempo después como esquizofrénica paranoide. Con 26 años volvió de San Francisco (lugar al que acudió buscando realizarse artísticamente) muy debilitada física y mentalmente.

Los tratamientos para su mermada autoestima y profunda tristeza existencial: terapia de choque con insulina ( coma inducido), descargas eléctricas y, finalmente, la extirpación del útero cuando buscaba un aborto psiquiátrico gratuito a un hijo inesperado (causa del abandono de su último amante).

Para la ciencia positivista de la década de los cincuenta y el sueño americano, Cowen no era una mujer en busca de si misma, como la masculinidad beat, sino una enferma mental.

El día que Elise, aún débil, pidió el alta voluntaria del Hospital Bellevue, tenía un obstinado plan que llevar a cabo: su suicidio. Tras este tremebundo fin, los padres, ayudados por unos generosos vecinos, destruyeron la mayor parte de su obra por miedo al escándalo.

¿Se ha feminizado la locura?

Para la autora Elaine Showalter el siglo XIX fue el inicio de esta feminización. La teoría showalteriana fue muy criticada al descubrir un mayor número de hombres en manicomios, aparentemente esto contradecía sus datos, pero la realidad era simple: las enfermas útiles permanecían en el hogar haciendo tareas domésticas.

La locura se define en términos femeninos. No se considera lo mismo para conceptuar a la mujer que al hombre. Este gran hallazgo también está en el Historial clínico de Cowen: “muy independiente”, “moral algo rara”, “contactos sexuales con hombres”, “fondo erótico”, etcétera. ¿Acaso alguna de estas características describirían la patología de un hombre?

 

Poems and Fragments by Elise Cowens
Edited by Tony Trigilio
Ahsahta Press, 2014

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