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Publicado originalmente en Diario Sevilla el 2/09/17

En el libro Las Sinsombrero, Tania Balló escribe que “la historia en esa España de la Transición, dispuesta a volver a empezar solo se reescribió en masculino; no se tuvieron en cuenta las figuras femeninas que también vivieron durante años en el oscurantismo del exilio: Ellas también volvieron a casa, pero parece que la Historia no las esperaba. Sin ellas la historia no está completa”. Estas mujeres son incorporadas a la generación del 27 de la que formaron parte: Mª Teresa León, Maruja Mallo, Concha Méndez, Josefina de la Torre, Rosa Chacel y un largo etcétera, son las mujeres de esa extraordinaria generación artística, aunque la escritora Laura Freixas prefiera llamarlas “las de la generación del 26”, por dos razones: una, porque ese año se funda, por María de Maeztu, el Lyceum Club, la asociación de mujeres ilustradas más importante de España, y dos, porque la generación del 27 tuvo ese nombre porque ese año se celebró en Sevilla un homenaje a Góngora en el que participaron todos los que luego se reconocerían como integrantes de esa generación, y en aquel acto no participó ninguna mujer.

Saber de todas y cada una de ellas es un ejercicio apasionante de recuperación de nuestra memoria histórica, la más olvidada, como todo lo que afecta a las mujeres. Mª Teresa León quizás escapa algo a la regla del desconocimiento generalizado y sea más conocida, pero, ¡ay!, siempre que se la cita o se lee algo de ella, lo primero que se destaca es su condición de esposa de Rafael Alberti y, si acaso, se conoce algo su extraordinaria biografía Memoria de la melancolía (1970), que es fascinante desde el propio título.

Ser mujer de Alberti es lógico que marque mucho, como le pasó, por ejemplo, a Zenobia Camprubí con Juan Ramón Jiménez o a la propia María Goyri, con Ramón Menéndez Pidal, tía de Mª Teresa y una de las primeras mujeres que se doctoró en Filosofía y Letras (1909). El papel subordinado de las mujeres es parte de la condición que nos impusieron.

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