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DELHY TEJERO 1904 – 1968 

50 aniversario.

CRUCE DE MIRADAS

10 de agosto – 14 de octubre

2018 Toro, Zamora

 

 

Esta exposición, «Cruce de miradas» es un homenaje obligatorio a la artista zamorana Adela Tejero Bedate, nacida en Toro en 1904 y fallecida en Madrid en 1968, que tomó como nombre artístico el de Delhy Tejero, conmemorando el 50 aniversario de su fallecimiento. Segunda hija de las tres que tenía el viudo secretario del Ayuntamiento de Toro, en el año 1925 la envía a estudiar a Madrid, en la Escuela de Artes y Oficios y posteriormente en la de Bellas Artes. Llega a Madrid a la Residencia de Señoritas regentada por María de Maeztu, donde se relacionará con Josefina Carabias, Maruja Mayo, Remedios Varo y “Pitti” Bartolozzi. De estas dos últimas será amiga toda la vida. Se pintaba las uñas de negro y hacia su propia ropa, pertenecía al grupo llamado “Las Modernas de Madrid” y hubiera tenido una carrera todavía más sobresaliente de la que tuvo, si no se hubiese suspendido la beca que le permitía mantenerse estudiando en Madrid.

Como tantas otras, Ángeles Santos, María Blanchard, Rosario Velasco, Julia Minguillon, las Roësset, queda invisibilizada por la falta de genealogía, algo frecuente en las mujeres artistas, la sensación de ser una “isla” sin posibilidad de compartir su arte con otras compañeras y tener la sensación de ser la “única” la “excepcional”. En el año 32 recibe la medalla a las Artes Decorativas en la Exposición Nacional de Bellas Artes y en el 33 lleva a cabo su primera exposición individual en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Ya en el año 1934 recibe reconocimiento en su pueblo y el Ayuntamiento de Toro concede el nombre de Delhy Tejero a la plaza donde está su casa natal.

En el año 36 viaja a Marruecos, donde le sorprende el levantamiento contra la República. Pero vuelve y recibe encargos de obra mural para Salamanca y Burgos. En el año 37, en medio de la Guerra, logra un salvoconducto para ir a Paris: «Las maletas no se enfrían nunca para mí. Parece que en mi destino tengo siempre un equipaje a punto para escapar», escribe en su cuaderno. «No soporto la guerra, no resisto el ruido de la muerte que traen cada mañana los aviones. Y ahora España huele a sangre, a sangre y a mortaja. Ya no huele a naranjas ni a leche recién hervida… Una muchacha y una maleta como dos peregrinas, tirando una de otra. Pero me queda el consuelo de la pintura. Y para mí la pintura es la vida. Trabajaré hasta que me extenúe, hasta que se me adelgacen las fuerzas, tanto, que ya no pueda sostenerme ni sostener el pincel”

En el año 38 reside en Capri, de cuya isla hará un “retrato”, “Planta de la Isla de Capri” donde recoge todo su mundo mágico de sirenas, tritones y pequeños duendes, en un cuadro absolutamente delicioso que puede observarse en esta exposición junto con otros que ocupan el panel llamado “Capri”.

La exposición, dividida en paneles que separan las diferentes temáticas, hubiera necesitado mucho más espacio para que las obras “respiraran”. Una lástima que no se destinen más medios a estas artistas cuya obra es muy difícil de reunir y de volver a ver y que no se le concedan espacios más importantes y con mayor eco. Nos comentan en Toro que la asistencia de público a la exposición ha sido importante, por esa razón cuesta entender que no se extienda más en el tiempo ni se le dedique una sala expositiva donde la obra pueda lucir con todo su esplendor. Aún así es de agradecer el que se le haya dedicado esta retrospectiva en esta sala.

En 1940, después de pasar por París, regresa a España donde vivirá ya permanentemente, con esporádicos viajes. Muralista, ilustradora, retratista, pintora de profundo oficio y primorosa ejecución, a pesar de su muerte temprana, tuvo una producción constante a lo largo de su vida. Los últimos diez años con el Instituto Nacional de Colonización, como tantos otros artistas en los años posteriores a la Autarquía. En el año 53 participa por derecho propio en la primera Exposición de Arte Abstracto en España, celebrada en Santander, junto a Millares, Saura y tantos. En el 59 realiza exposiciones donde experimenta con materiales en la misma ruta que estaban emprendiendo sus compañeros artistas, en el 65 realiza el mural para el Colegio de los Mercedarios de Madrid y otro en la nueva sede de la Tabacalera en Sevilla y en el 66 viaja a París por última vez. En estos años realiza cinco retablos para nuevas Iglesias.

Sirvan las breves notas biográficas para dejar constancia de que nunca dejo de trabajar, experimentar, arriesgar y también nos sirve para entender porque no se decantó por una “especialización”. Siendo mujer siempre iba a estar ubicada en la periferia, por tanto, la ventaja que de esto podía salir era la libertad de crear como quisiera.

Su obra se expone de manera constante: aproximadamente cada cinco años hay una monográfica que la muestra e impide que caiga en el olvido, pero todavía es el día que no se ha llevado a cabo una publicación importante que catalogue su obra otorgándole el lugar que se merece , todavía hoy en día es necesario hacerla un reconocimiento suficiente para la creación de un catalogo razonado de su obra. Va siendo hora de poner a otra de “Las Modernas de Madrid” en el lugar que le corresponde.

Esta crítica está dedicada a Mª Fe Santiago Bolaños.

Sin ella, nunca hubiera podido disfrutar y compartir esta exposición.