Mensajes etiquetados violencia de género

Nos matan

Fachada del Teatro Español el 8M con el hashtag #NiUnaMenos

Ayer, en Vicálvaro.

Antes de ayer en Alcobendas y en Usera.

En Getxo…

Usan manos, puñales, cuchillos, sogas, trapos, hachas, mazas, líquidos corrosivos, líquidos inflamables, un palo, una sierra eléctrica, cualquier cinturón, una pistola, un saco, o varios, una piedra o un puñado.

EXTERMINARLA es la palabra-fuerza en la frente del feminicida, ya sea novio o ex, marido o ex, amante estable o casual.

Exterminarla, porque existió, libre o sometida, a su lado.

Exterminar junto a ella a hijas e hijos, a bebés, incluso, con el horror en sus pequeños rostros y un agujero de impotencia en la garganta.

Malograr en el instante, otras vidas de transeúntes o vecinos que quisieron ayudar. Malograr a largo plazo la vida de tantas huérfanas y huérfanos.

MATARNOS Y MATARSE DESPUÉS DE LA CARNICERÍA

Pero antes, violarnos por “despreciables, débiles, desconfiables”, porque la llamarada del odio alumbra en la frente del asesino sinónimos tóxicos vigentes y fácilmente aplicables “al conjunto de las mujeres”, que la Real Academia de la Lengua no desactiva.

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La mirada comprometida con las mujeres supervivientes: El reto creativo

Hace unos días saltó a los medios la polémica por la instalación de una escultura-homenaje a las mujeres víctimas de maltrato y de la violencia masculina en una plaza de Zaragoza. La denotación de la imagen, que ha sido ampliamente reseñada es muy clara: Vemos a una mujer arrodillada, mirando al suelo y cuyo cabello y manos esconden su cara. El significado cultural asociado, la connotación, no ofrece duda en el actual contexto español, en donde las noticias sobre hombres maltratadores, homicidas o asesinos son habituales en los medios de comunicación, de manera que vemos la representación de una mujer hundida, desamparada, vencida, sola y sin capacidad de reacción.

Las organizaciones feministas la critican con razón; el Ayuntamiento la defiende. También hay gente en la calle que dice que es bonita. Pero una escultura en medio de una plaza no puede calificarse de bonita o fea; una actuación pública que se concibe como homenaje a determinadas personas debe analizarse desde el punto de vista de si el esfuerzo y los recursos invertidos cumplen el objetivo político de engrandecer, hacer respetar y reconocer a quienes reciben el homenaje: las mujeres supervivientes y víctimas de la violencia machista.

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Convocatoria de trabajos para el I Premio “Concha Espina”

El Premio Concha Espina tienen por finalidad reconocer y premiar, tanto las iniciativas y proyectos periodísticos que fomenten la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombreso promuevan la erradicación de la violencia de género, como la trayectoria y el esfuerzo continuado de profesionales del periodismo, que hayan desarrollado una labor relevante en materia de igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres y en la erradicación de la violencia de género y su difusión en los medios de comunicación.

El plazo para la presentación de trabajos son 10 hábiles desde el 13 de octubre. 

Podéis acceder a las bases y toda la información necesaria para su presentación en el BOC de Cantabria, desde aquí. 

Colonia, Hamburgo, Bielefeld, Berlín, Stuttgart, Frankfurt, Bornheim… Suma y sigue

Imagen altercado Colonia Nochevieja EFE

Imagen de los altercados en Colonia en Nochevieja/ EFE

Día tras día, los medios de comunicación van desgranando terribles y humillantes casos de agresiones sexuales (violaciones incluidas) colectivas contra las mujeres en muchas ciudades alemanas durante las aglomeraciones festivas de Nochevieja. Para muchas, el año comenzó con violencia.

No son los únicos ni los primeros. En la memoria reciente tenemos la vergüenza de otras lacerantes agresiones y violaciones perpetradas en manada, como las de la plaza Tahrir de El Cairo en 2011 durante las protestas de la primavera árabe. Caso seguramente conocido porque varias periodistas occidentales probaron el amargo pan de cada día de muchas (invisibles) manifestantes egipcias. Una de las reporteras, Natasha Smith, manifestó: “Me sentí como carne fresca entre leones hambrientos. Estos hombres, cientos de ellos, pasaron de ser humanos a ser animales”.

Sin alejarnos de Egipto ni de las agresiones organizadas por turbas, Sihem Bensedrine, presidenta de la Comisión de la Dignidad y la Verdad, organismo tunecino que se encarga de investigar los abusos perpetrados desde el inicio de la independencia (1956), habla del uso sistemático de violaciones y agresiones sexuales como arma de guerra durante los regímenes de Burguiba y de Ben Alí. Delitos escondidos bajo un no menos criminal silencio apuntalado por la vergüenza. Ataques en grupo similares se dan en todo el mundo, en cualquier continente; por ejemplo, los crímenes de guerra perpetrados en África, en la ex Yugoslavia, o en cualquier país europeo (o no) durante las dos guerras mundiales. Lo cierto es que, para vergüenza de la humanidad, la violación no empezó a considerarse crimen de guerra hasta una fecha tan tardía como el 1992. A la vista de lo cual parecería que una cosa son los derechos de los hombres y otra muy distinta los derechos humanos.

Podéis leer el artículo completo en El Huffington Post desde aquí.

También podéis leerlo en catalán desde aquí.

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