Mensajes etiquetados Literatura

Viajes y flores

 

Penelope Lively. Vida en el jardín (trad. Alicia Frieyro Gutiérrez. Madrid: Impedimenta, 2019)

La preciosa y fértil tapa (las flores son de la ilustradora Katie Scott) y el título del libro de Penelope Lively (busquen los sinónimos de su apellido, búsquenlos…) me impelieron a regalárselo a una jardinera. Poco después, en cuanto lo empecé a leer, vi que era más que un camino de rosas; mucho más que un libro sobre jardinería.

Vida en el jardín es, como la hierba de burro (Erigeron karvinskianus), una especie invasora pletórica de anécdotas; invasiva como una uña de gato llena de crasas digresiones; como una hiedra que trepa por todas partes y de la que cuelgan historias y más historias; como una mimosa llena de savia que arraiga en cualquier sitio y florece de literatura. Inaugura una nueva forma de mirar el mundo: el jardinocentrismo y desde este prisma percibe la sociología, la geografía —me atrevería a decir incluso que la filosofía—, el sentido común y la vida; además, claro, de la botánica; plantas, árboles y humildes o monumentales jardines, y las manos que los faenan.

En las quince escasas páginas de la introducción tiene tiempo y espacio para hablar, entre otras cosas, de la feracidad de la naturaleza (tenemos que confiar en que, en última instancia, salve el planeta).

Y en mi caso está, además, la sensación de perpetuo asombro que me producen ese frenesí por medrar, la tenacidad de la vida vegetal, el dictado imparable de las estaciones.

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A mí no me iba a pasar

A MÍ NO ME IBA A PASAR. Laura Freixas. Ediciones B. 2019

Una magnífica obra de madurez. Cinco palabras para definir A mí no me iba a pasar, el último libro de Laura Freixas. Se podrían utilizar otras cinco, más relacionadas éstas con el género autobiográfico: Lucidez, autocrítica, honestidad y estilo depurado. Contemos como contemos, el resultado es una autobiografía imprescindible.

No es la primera vez que Laura Freixas publica un libro autobiográfico. Con anterioridad había visto la luz Adolescencia en Barcelona hacia 1970, publicado por Destino en el año 2007, Una vida subterránea. Diario 1991-1994 y Todos llevan máscara. Diario 1995-1996, en Errata Naturae 2013 y 2018, respectivamente. La publicación de este cuarto libro autobiográfico confirma la apuesta que la autora ha hecho siempre por este género literario, que lleva años escribiendo, leyendo, analizando y editando. Algo muy meritorio, si recordamos que es un género que nunca ha gozado del éxito, atención o prestigio que tiene la novela, otro género en el que Laura Freixas también ha trabajado.

En A mí no me iba a pasar, la autora se centra en los años en que vivió su matrimonio y maternidades, temas centrales de esta autobiografía. Con una estructura circular, habitual en este tipo de materiales, la narración se abre en el año 2003, en el momento en el que la autora decide poner fin a su matrimonio, y se cierra en el momento en que se dirige, física y simbólicamente a ello. Por el camino, más de trescientas páginas, un pormenorizado registro de las circunstancias y razones que le hicieron tomar esa difícil y arriesgada decisión, siendo ese pormenorizado registro la gran aportación de esta autobiografía. LEER MÁS »

Carmen Martín Gaite rompe el canon androcéntrico en Andalucía

Por primera vez Andalucía incorpora a una mujer entre las listas de lecturas recomendadas para Selectividad en el caso de Lengua y Literatura. Esto quiere decir que jamás en la historia de la enseñanza una escritora entró legalmente a estos listados o recomendaciones dentro del área.

Carmen Martín Gaite se presenta como una paradoja, pues fue una mujer entrañable, cercana a estudiantes como yo, que, sin embargo, declaró varias veces no ser feminista, y que escribió una novela tan feminista como Nubosidad Variable, la cual, según Barbara Zecchi, sigue el “tiempo de las mujeres” de Julia Kristeva, la tesis del auto-descubrimiento de Elaine Showalter, y es un buen ejemplo de lo que se llamaría un texto conscientemente feminista. LEER MÁS »

Maternidad: mito y timo

 

¿Qué visión nos da la cultura de la maternidad? Cuantitativamente, poca. Hay retratos de madres, sí, pero escasos y trazados desde fuera, ya sea en forma de ficción (La casa de Bernarda Alba de Lorca, Pelo de zanahoria de Jules Renard, Doña Perfecta de Galdós…), ya en esa forma particular de autobiografía que es el “libro de duelo”, que rememora a una persona próxima después de su muerte, como en Sido de Colette, Una muerte muy dulce de Simone de Beauvoir, El libro de mi madre de Albert Cohen, Una mujer de Annie Ernaux… Pero las madres, por lo visto, no escriben; son escritas. Su silencio no es sino un ejemplo extremo de la “heterodesignación”. Los discursos sobre nosotras -médicos, poéticos, teológicos, filosóficos, jurídicos…- son obra de varones.

No son tanto madres lo que falta, como maternidad. La literatura nos ha contado mil veces la guerra, pero apenas nos ha dicho nada del embarazo, el parto, el aborto, la lactancia… Por eso es una buena noticia que por fin, aunque sea con cuentagotas, estén apareciendo o reeditándose libros como El nudo materno de Jane Lazarre, Nacemos de mujer de Adrienne Rich, Maternidad imposible de Irene Vilar, Mare de llet i mel (Madre de leche y miel) de Najat El Hachmi, Roedores de Paula Bonet, o los dos que quiero comentar hoy: Mare de Ada Castells (próximamente en castellano: Madre, en editorial Navona) y La mejor madre del mundo de Nuria Labari. LEER MÁS »

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