Que veinte años son muchas mujeres. Escribiéndolas, reescribiéndome.

2ª parte de mi travesía escénica (1999-2018)

Ponencia realizada en la UNED, junio 2018, para el SELITEN@T (Centro de Investigación de Semiótica Literaria, teatral y Nuevas Tecnologías)

1998 es un año crucial en mi vida profesional y personal. Dejo el barco de Teatro Guirigai, que había codirigido durante 20 años intensos, en los que volqué toda mi energía. Me despido con una última actuación emblemática. El espectáculo: Más se perdió en Cuba, y el teatro: la sala Imperdible de Sevilla.

Docenas de historias de mujeres se almacenaban en mi interior, experiencias vividas que pedían tomar carne dramática. Mi labor como actriz derivó cada vez con más intensidad hacia la dramaturgia. A ello me he dedicado durante estos otros veinte años. La mujer como protagonista de mis textos, y yo como soporte emocional de sus vivencias y sus peripecias. Veinte años reescribiéndome, gozando y sufriendo con mis personajes, a veces llevándolas de la mano, o más a menudo dejándome guiar por ellas. Un nuevo viaje fascinante que no hizo más que empezar.

Tras este salto en el vacío, en el que ciertamente me encuentro algo perdida, preparo en solitario mi propia balsa con los frágiles troncos de la soledad, amarrados con la soga de la paciencia. Compro una agenda con cantos dorados, intento infundirme valor y buenos augurios. ¿Dónde me llevarán las turbulentas aguas de nuestra escena?… Donde me lleva el destino en forma de vagón de metro es al reencuentro con un viejo amigo, Fernando Bellón, con el que empiezo a compartir mi vida y cuya presencia me apoya y alienta en todo este nuevo periplo. Continuar aprendiendo, ese es mi lema. Mi intención es seguir siendo fundamentalmente actriz, pero el destino me da otras prioridades. Participo en talleres de dramaturgia y dirección. Y comienzo a escribir. Los textos manan de mí a borbotones, primero son breves, luego van adquiriendo eslora. Me busco en este momento de transición. Y mi primer texto breve es precisamente Tránsito, donde una actriz lee su muerte anunciada en la prensa.

 

AÑO 1999. Mi agenda de este año es La agenda de las mujeres que pintaron el mundo. Necesito pintar el mío, investigar en mis raíces. Voy en busca de mis abuelas históricas y me embarco en un ambicioso proyecto: Trilogía de mujeres medievales. Me dejo seducir por la magia del número 3. Escribiré tres textos sobre las Tres Culturas desde la óptica de la mujer. Antes de que acabe el año tengo escrito el primero: Sancha, reina de la Hispania, mujer fascinante con rasgos de Lady Macbeth española, y a la vez reescritura de mí misma. Viajo a León y a Finisterre para empaparme de los lugares donde Sancha vivió, y consulto al abad de San Isidoro sobre la fecha exacta de su muerte. Respuesta de un sabio clérigo: “Mátala cuando quieras, hija mía, la reina te lo agradecerá igualmente”. Así lo hice. Sancha y yo se lo agradecimos.

AÑO 2000. Con mezcla de intrepidez y vértigo, creo mi compañía y pongo en pie la obra con mi producción y dirección. El pago de los ensayos se lleva la escasa subvención de la Comunidad de Madrid, el resto sale de mi bolsillo y tarda en encontrar el camino de vuelta. Sancha ve la luz de la luna en una plaza medieval de Cáceres. Después viaja a su León natal para reencontrarse entre las arcadas del magnífico claustro de la catedral.

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