Las mujeres y la Revolución Soviética

Publicado originalmente por Diario Contexto el 9/11/17.

El pensamiento bolchevique sobre la liberación de la mujer y la familia se puede sintetizar en la frase de August Bebel en su libro La Mujer en el socialismo, que dice: “Lo que como y bebo, cómo duermo y me visto es un tema privado mio, como lo es igualmente mi relación con el sexo opuesto”.

Una vez producidos los acontecimientos revolucionarios de 1917, rápidamente se intentó mejorar la situación de las mujeres bajo un programa revolucionario, que proponía que las relaciones sexuales debían ser liberadas de las distintas construcciones provenientes de la Iglesia y el Estado, los hombres y las mujeres deberían ser libres para unirse y separarse, basándose solo en su decisión personal, sin distinción de sexo.

También incluía la “Unión libre o amor libre”, conceptos propios de las tradiciones libertarias, marxistas y socialistas utópicas del siglo XIX.

La mujer, bajo el sistema capitalista, se incorpora al mundo del trabajo como asalariada, porque el capitalismo necesita de la mano de obra tanto de hombres como de mujeres. No hay distinción.

Los bolcheviques prepararon entonces un plan para la liberación de las mujeres, que incluía no solo el amor libre, sino la liberación de la dominación patriarcal. La idea fuerza era solucionar la contradicción entre el trabajo asalariado y el trabajo doméstico.

El trabajo doméstico no remunerado sería socializado, siendo el Estado quien se ocuparía del abastecimiento del hogar, cocina, limpieza, cuidado de los niños, discapacitados. Estas tareas serían realizadas por trabajadores asalariados y pagados por el Estado. Nacen así los comedores públicos, las lavanderías, guarderías, escuelas y hogares.

La mujer quedó liberada de sus tareas domésticas en igualdad de condiciones que el hombre.

Al tener asegurado que su familia estaba cubierta en sus necesidades básicas, podía seguir libremente sus propios objetivos. Mujeres y hombres podían elegir libremente sus parejas, sin restricciones económicas, liberando así toda dependencia.

El ideario revolucionario afirmará que la familia, como unidad básica institucional, se irá marchitando junto con la propiedad, dejando solo las relaciones libremente elegidas, en todo regulado por la voluntad del pueblo.

La política de género de los bolcheviques podría ser sintetizada, entonces, en cuatro elementos: unión libre, emancipación de la mujer, socialización de las tareas domésticas y desaparición de la familia.
En 1919 nació el Zhenotdel o departamento de la mujer del Comité Central del Partido Comunista, que trataría los temas específicos de la problemática de la mujer.

En 1919 y 1927 se promulgaron los llamados Códigos de Derecho de Familia y se consagró el amor libre que permite al hombre eludir las responsabilidades sobre sus hijos, lo que causó grandes problemas a la mujer bolchevique.

Las ideas bolcheviques sobre los derechos de la mujer se vieron entorpecidas por varios e intrincados temas: la pobreza extrema, el alto desempleo femenino, la indivisibilidad de los bienes en los hogares campesinos, la escasez de fondos para las empresas socializadas, la falta de control eficaz de la natalidad.

Lo que más controversia causó fue la práctica del amor libre o unión libre. Se presentaba como necesaria para poner fin a la concepción anarquista del matrimonio y del parto como cuestiones netamente privadas. Finalmente Stalin abolió la Zhenotdel y el Estado puso alto costo a los divorcios para evitarlos, criminalizó el aborto y procesó a los hombres que se negaran a pagar la manutención de sus hijos.

A partir de 1936 se produjo una fuerte revisión de todo lo relacionado con la familia y la liberalización de las mujeres y se suplantó por la idea de una familia socialista fuerte.

La mujer bolchevique no abandonará jamás sus idearios de emancipación, aunque dude de la idea de unión libre. Persiguiendo esas ideas de objetivos colectivos e individuales criaron a sus hijos e hijas, lo cual se evidenció cuando, al declararse la Segunda Guerra Mundial, miles de niñas y jóvenes se acercaban a las estaciones de FF.CC. para ofrecerse de voluntarios e ir al frente de batalla a la par que los varones.

La Zhenotdel fue la primera organización de mujeres revolucionarias. Su objetivo era mejorar la Byt o vida diaria y cotidiana de las mujeres. Fue, en síntesis, la primera organización de masas creada para solucionar la vida cotidiana, los problemas comunes que se le presentaban a la mujer trabajadora y revolucionaria.

Anteriormente, las mujeres ya habían participado en otros movimientos revolucionarios, como la Revolución francesa. La gran diferencia es que allí participaban desde su problemática de clase y no de género, como ocurrió en la URSS.

Los miembros del partido, sobre todo los hombres, no estuvieron de acuerdo con la constitución de esta organización que tratara la problemática distintiva de la mujer. Para este grupo, la mujer debía incorporarse a la revolución sin diferencias.

Una gran líder del movimiento de las mujeres en la Revolución rusa, Aleksandra Kollontai, fue quien las organizó, por lo que fue muy criticada por los niveles inferiores del Partido. Como ella, Aleksandra Artiukhina, Varvara Moirova y Klavdia Nikoloera, solo por nombrar algunas, provenían de un origen muy humilde y trabajaron desde niñas en el movimiento revolucionario.

Por insistencia de Kollontai, para 1918 se organizaron en forma descentralizada comités locales para la elección de delegadas que serían las representantes al Comité Central de la futura organización femenina. Se establecieron así oficinas locales en un escenario nacional de guerra civil, revolución, hambre y carestías de todo tipo. Al congreso de Moscú que daría origen al Zhenotdel sólo cuarenta delegadas llegan a tiempo. Pero de los lugares más remotos comenzaron a recibir telegramas que decían “¡Estamos en camino, Camaradas, estamos retrasadas!”.

Se reunieron 12.000 delegadas que se organizaron en comisiones para promover los distintos intereses y discutir sus problemáticas. La organización comenzó en ese instante a enfrentar múltiples inconvenientes de funcionamiento: falta crónica de fondos, alto desempleo de las mujeres, millones de niños y niñas víctimas de la hambruna y la guerra civil.

Establecieron grandes comedores, pese a que fueron combatidos por los sindicatos y los trabajadores en general. Combatieron la prostitución, mientras que apoyaban permanentemente a las mujeres de las aldeas.

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