“La Santa Juana de la Cruz”

Domingo, 10 de junio de 2018. Llego y me siento en una de las pocas sillas que siguen vacías en el número 141 de la Calle Claudio Coello, en Madrid. O_Lumen es un centro de arte vinculado a la familia dominicana, donde hoy se presenta la puesta en escena de la vida y obra de la franciscana Juana de la Cruz (Toledo, 1481 – Cubas de la Sagra, 1534). Disfrutemos de las paradojas.

Me trae aquí la promesa de “un espectáculo de imágenes sensoriales, textuales y plásticas, cercano al ritual y la liturgia, que nos sumerge en la experiencia de la contemplación y de la quietud”. Así presenta Ana Contreras la pieza de teatro itinerante La Santa Juana de la Cruz, basada en la abadesa de Cubas de la Sagra, que murió allí con fama de santidad.

Se evoca su espíritu, que acompaña a la soprano María Victoria Curto hacia el escenario. Ahí se despojan ambas de la ropa blanca, de aderezos y pertenencias. Al tomar el hábito, aceptan el anonimato de la vida conventual. Unos minutos después, la dejo de identificar entre las varias monjas franciscanas que se mueven por la escena.

Al empezar, se equivocan las actrices y resuena en O_Lumen, en simultáneo, “Soy la Santa Juana” y “Yo soy Juana de la Cruz”. Me gusta la inadvertida superposición de voces. Por unas horas, todas ellas son Juana de la Cruz. Todas representan la mística, la visionaria, la histérica, la política, la predicadora, la mujer. Todas encarnan sus éxtasis, milagros, revelaciones, elevaciones y visiones. Todas hacen suyas las palabras del Libro del Conhorte.

En todo caso, es la acción performativa – mucho más que los momentos de monotonía litúrgica en que recitan sus textos – que invita a reflexionar sobre la contemplación, la lentitud, el silencio de una vida dedicada a la espiritualidad. Como advierte sor María Evangelista, en Vida y fin de la bienaventurada virgen Sancta Juana de la Cruz, “las cosas espirituales y revelaciones celestiales no se pueden explicar ni decir por lengua humana”.

Juana Vázquez Gutiérrez, como otras tantas visionarias de la Castilla bajomedieval –cuyas vidas se pueden consultar en el Catálogo de Santas Vivas – descubre en la devoción religiosa un medio para imponer su autoridad dentro del sistema patriarcal. Juana reivindica para sí y para sus hermanas prestigio, poder y reconocimiento. Inesperadamente, suelta el pelo, gira vertiginosamente en círculos sobre sí misma ante la perplejidad del público. Aquí la veo correr frenéticamente a mi lado, gritando como poseída, en un desafío a las convenciones y a las expectativas de un público tradicional, de entones y de ahora. Reclama atención, quiere ser escuchada, se merece un lugar en la Historia.

La escenografía es, a la vez, medieval, contemporánea y atemporal. La lucha también.

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