La invisibilidad de las mujeres artistas en los museos

La iniciativa de celebrar el 18 de mayo el Día Internacional de los Museos lleva realizándose desde las últimas décadas del siglo pasado. Desde 1977 hasta la fecha, la temática a la que se dedica anualmente el DIM viene propuesta por el ICOM ( Consejo Internacional de Museos ) y varía en función de las expectativas creativas del panorama artístico mundial. De este modo, por citar solo un par de ejemplo, el DIM 2005 trató el tema de los museos como puente entre culturas y diez años más tarde, en 2015, se centró en la contribución de los museos para un desarrollo sostenible. En esta ocasión el DIM 2018 se ha fijado en una de las características más singulares de la sociedad actual como es la hiperconectividad. En un mundo donde el aceleracionismo tecnológico es una realidad, la temática propuesta ha sido: “ Museos hiperconectados: Enfoques nuevos, públicos nuevos”. No cabe duda que, acorde al sino de los tiempos, el ICOM ha acertado de nuevo. Sin embargo, dado que las preocupaciones sociales y artísticas se concilian a la hora de definir el tema de este evento internacional, en el que participan numerosos países de los cinco continentes y donde miles de museos programan al unísono diversas actividades, quisiera proponer para una próxima celebración el tema de la invisibilidad de las mujeres artistas en los museos. No estaría de más que se tomase en consideración ya que se recogería el testigo del despertar feminista que es una de las características definitorias del momento histórico en el que vivimos.

Las cuestiones relativas a la posición de las mujeres en la historia y en el mercado del arte, no es algo que venga de nuevo. Desde que en 1971 Linda Nochlin, la inventora de los estudios de género, se preguntara por qué no había habido grandes mujeres artistas y por qué la historia del arte había excluido de calidad artística a todo aquello que no seguía el canon androcéntrico establecido, se hizo evidente que ser mujer y artista llevaba un plus añadido de dificultad del que no se hablaba. Siguiendo su estela, la Guerrilla Girls comenzó a denunciar, a mediados de los ochenta del siglo pasado, la discriminación que las mujeres sufrían en los museos y en las galerías de arte. Con sus acciones visibilizaron que, en las galerías comerciales más conocidas de Nueva York, menos del 10% de las obras expuestas o absolutamente ninguna, eran de mujeres artistas y también que en 1985 ninguna mujer artista había realizado una exposición individual en el Guggenheim, en el Metropolitan o en el Whitney y tan sólo una en la Tate Modern. Es evidente que durante siglos los museos han estado llenos de arte hecho por hombres. Una denuncia que la Guerrilla Girls continua en la actualidad, enfatizando el arte realizado por mujeres y promoviendo más recientemente campañas contra la violencia de género y la desigualdad.

En estos momentos no se puede estar de espaldas al componente ideológico que ha dominado la historia universal del arte y que sigue pesando en las condiciones de distribución y exposición de las obras de las mujeres artistas. Algunos, como el pintor alemán Georg Baselitz en una declaraciones recientes al semanario Der Spiegel, aducen que las creaciones de las mujeres son obras menores, no dan la talla y, en consecuencia, merecen poca consideración. Pero a estas alturas ya no se sostienen tales afirmaciones ya que la ausencia de las mujeres en el sector de las artes no responde necesariamente a criterios de calidad sino a circunstancias ligadas al techo de cristal, a la brecha salarial, al hecho de que hayan más coleccionistas de arte hombres que mujeres o a que sean más los varones quienes ocupen la dirección de los museos y de las ferias de artes. Por este motivo hay que poner en la agenda del DIM la reivindicación que el feminismo hace de las creaciones artísticas de las mujeres para que queden proporcionalmente representadas y el panorama de invisibilidad al que aún están sometidas empiece a cambiar sustancialmente. A fin de cuentas una de las funciones de los museos es la de articular la creación en la sociedad e irradiarla al público en general.

En cuanto al ámbito estatal, la asociación interprofesional de Mujeres en las Artes Visuales (MAV) organiza desde hace unos años el Festival de Miradas de Mujeres para que éstas puedan exponer y presentar sus obras en su camino hacia el empoderamiento. La todavía escasa presencia de las mujeres artistas en la feria de arte ARCO y Art Madrid, confirma el hecho de que los puestos directivos de la industria cultural española están copados fundamentalmente por hombres. Si a esto añadimos que hay que tener visibilidad para entrar en el mercado del arte y que la consolidación de una carrera artística está determinada por haber expuesto en museos y haber trabajado con determinadas galerías que acuden a las ferias de arte, resulta urgente reclamar una política cultural que respalde acciones positivas hacia las mujeres artistas.

El arte se perpetúa aún hoy en masculino y, en ese sentido, hay que tomar conciencia de una ausencia larvada por la desigualdad que los sexos han arrastrado históricamente. En el ámbito visual queda mucho por recorrer, incluso más que en otras áreas, para que sean desactivadas las objeciones erróneas sobre la valía de las mujeres artistas y para que sus creaciones puedan ser reconocidas en su justo mérito. Por eso ¿para cuándo un Día Internacional de los Museos que plantee la necesidad de la presencia de las mujeres artistas en los espacios artísticos?. Es esta una propuesta que quiere motivar al ICOM para que considere lo que está ocurriendo en nuestro presente, en una época donde comienza a darse un mayor compromiso político con el feminismo. Un impulso que no tendría que estar guiado por la pretensión de tranquilizar conciencias, dando cancha a quienes dicen que la omisión de las mujeres en esas instituciones era algo que pasaba antes y que ahora ya no ocurre. Es obvio que muchos museos tienen nombre de artistas varones y que muchas de las salas de arte contemporáneo son de artistas hombres. En España no existe un informe completo sobre la presencia de las mujeres en el ámbito museístico pero resulta revelador que de los 61 Premios Nacionales de Artes Plásticas, solo 11 se hayan concedidos a mujeres. Además, el Premio Velázquez de Artes Plásticas solo lo han recibido 4 mujeres en sus 16 ediciones y en los Premios Princesa de Asturias de las Artes, a excepción de la disciplina teatral y musical, ninguna mujer ha sido galardonada.

Puestas así las cosas y sabiendo que casi el 70% de estudiantes de escuelas de arte son mujeres, sería interesante preguntarse: ¿Por qué educar a mujeres artistas si no se les va a ofrecer ninguna oportunidad profesional?. Desde luego sería la ocasión propicia para recordar a los museos que les convendría una cambio de sexo, como hizo la Guerrilla Girls en 2010. Por lo que a mi respecta he lanzado esta propuesta para la conmemoración de un DIM cercano, ya sea el año próximo o a principios de la siguiente década del milenio, pero no a mucho más tardar, con el convencimiento de la necesidad de avanzar en la igualdad real entre mujeres y hombres dentro del ámbito profesional del sector plástico.

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