Gloria Fuertes en su centenario: un ejército de una sola mujer

Publicado originalmente en El País el 28/07/17

SCIAMMARELLA

Cuando la editorial Blackie Books me propuso armar un libro a mi manera sobre la vida y la obra de Gloria Fuertespensé que iba a ser muy difícil que la gente se saltara el cliché que se cernía sobre ella: ese lugar común que decía que sus poemas eran pueriles, siempre de rima consonante y de escaso interés para los seres humanos de mucho pensar. Me parecía complicado por dos motivos. Primero, porque su personaje mediático había eclipsado por completo a su obra poética. Y segundo, por lo inclasificable de la Gloria Fuertes real, difícil de asimilar por los partidos políticos —era feminista, pacifista, lesbiana, creía en un dios inventado por ella— y difícil de asimilar también por el mundo académico, porque Gloria tenía un estilo directo, con juegos de palabras sencillos, sin florituras. Ella misma lo tenía claro: “En la única academia en la que me han dejado entrar es en la de conducir”. Veía casi imposible cambiar la tendencia.

Me equivoqué por completo.

Hoy mismo, de haber fumado menos, Gloria Fuertes habría cumplido cien años. Hoy mismo, el lugar común sobre Gloria Fuertes no es que su poesía valga poco, sino que su poesía siempre había sido bella y había estado llena de verdad pero casi nadie se había dado cuenta de ello. Todo ha cambiado en unos pocos meses. Ha sido un acto de amor y justicia.

A remolque de su centenario, durante 2017, se han publicado libros con su obra, se han montado exposiciones con sus recuerdos y se han redactado notas de prensa ensalzando a la poeta (nunca poetisa) que fue. Pero la fuerza que ha traído esta ola no ha sido responsabilidad del poder ni de las instituciones, que tanto la han ignorado desde siempre, sino de la gente que tanto la sigue queriendo. Desde la primera noticia que publicó la editorial sobre la preparación del Libro de Gloria Fuertes, miles de personas nos han escrito mensajes, emails y cartas contando su relación con ella, la importancia que ha tenido en sus vidas.

Todo este calor habría puesto a Gloria loca de contenta. Su mayor preocupación fue siempre que sus poemas llegaran a las personas (Ningún compañero, / ningún campesino, / ningún obrero, / ha leído a Blas de Otero. / ¡Neruda! Los esclavos de Chile / no se saben tus versos. / Y los indios peruanos hambrientos, / no saben quién fue César Vallejo). Toda una obra dedicada a la soledad, al enamorarse de la diferencia, al lenguaje cotidiano y a la conciencia de clase.

Estando viva se recogió su poesía en tres libros editados por Cátedra, pero no terminó de llegar a quien Gloria quería que llegase: esa gran mayoría que inspiraba sus poemas, gente lejos de lo académico y de los cánones (cánones muy a menudo desconectadísimos de la vida). Personas que saben valorar un atardecer igual que un helado o un poema, que no quieren establecer clasficaciones de quién escribe mejor y quién peor y que no se pierden en tonterías como pensar que el humor, lo confesional, o la rima consonante valen menos porque son cosa fácil. Cuando escucho a alguien infravalorarla o tomársela a broma pienso que no se puede estar más perdido. Ella huyó siempre de este mundo de hombres grises diseñado para sustituir a la belleza por el aburrimiento. Siempre quiso pasárselo bien. Lo dejó por escrito: “esto no es un libro, es una mujer”.

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