Concha Hernández, directora de Conde Duque: “Nos ha faltado tiempo”

Publicado originalmente por Diario Malasaña el 15/11/17

Hace unas semanas, en la presentación a los medios de JazzMadrid 2017, hubo un discurso que llamó la atención de algunos periodistas. Concha Hernández, directora del Centro Cultural Conde Duque, presentaba el festival y aprovechaba el momento para rendir un inesperado homenaje a todo su equipo. Fueron palabras cariñosas, pronunciadas con un punto de aflicción, haciendo balance de su paso por el centro.

Hernández hablaba por primera vez en público después de que el Ayuntamiento le confirmara que a partir de 2018 tendrá que dejar su puesto, por haber sacado a concurso público la dirección de este y otros cinco centros culturales de Madrid. “El discurso sonaba a despedida. Y sí, lo era”, confiesa durante una entrevista con Somos Malasaña, concedida unos días después de esta comparecencia. Ella dejará en enero la dirección del centro cultural a alguien que todavía está por elegir, tres años después de llegar a un espacio que muchos llegaron a considerar un enorme dinosaurio, incapaz de mover la cultura madrileña ni un ápice.

Hoy, Conde Duque es un espacio muy vivo, con una agenda que se compone de citas culturales imprescindibles: Jazz Madrid, Ellas Crean, Madrid es Moda, danza_MOS, Flamenco Joven, la muestra de Cine Joven Europeo, Gastrocultura, Poemad, Symphonos… eventos que organiza o acoge, además de llenar de programación su teatro, su sala de conciertos y de crear una auténtica cantera de proyectos en sus salas de ensayo, donde ha acogido hasta 50 obras.

Concha Hernández llegó a la dirección de Conde Duque en 2014, cuando el Ayuntamiento buscaba alguien que supliera la marcha repentina de Pablo Berástegui. “Se me caían los adoquines y los ladrillos todos los días, porque no había medios ni personas”, recuerda. Ella era entonces una trabajadora de la empresa municipal Madrid Destino de la que se echó mano en un momento de crisis, sin los grandes anuncios que caracterizaban a los fichajes estrella. Hoy, tres años después, le preguntamos a Concha si la apuesta salió bien: “Yo estoy muy satisfecha”, afirma con seguridad.

Su planteamiento inicial fue claro: “Dar oportunidades a los que menos las tienen”. Y el centro comenzó a especializarse en eso, en ayudar a artes como la danza, el jazz o la poesía, con menos facilidades para llegar al gran público. “La riqueza de nuestro país y de Madrid está en la creación, porque hay un talento increíble. Y la cultura genera muchos puestos de trabajo”, dice con seguridad Concha Hernández. “Tenemos que ser capaces de que los artistas sean capaces de vivir de su trabajo. Y eso solo se logra dando oportunidades, y también creando también un público culto, formado, que pueda exigir estas programaciones”.

Un claro ejemplo de esta oferta de oportunidades en Conde Duque es el de la danza, “la hermana pobre de estas artes”, como la califica Concha. A través del festival danza_MOS, esta disciplina ha encontrado un refugio y un escaparate privilegiado en el centro cultural. Otra muestra es la de las mujeres artistas, a las que se trata con mimo en el festival Ellas crean y que cuentan con abundante presencia en las programaciones del resto de eventos: han de contar siempre con al menos un 40% de representación de cualquiera de los dos sexos. “Y lo hacemos sin que baje la calidad, esto es lo más importante”, añade Hernández.

Conde Duque por dentro
La todavía directora de Conde Duque empezó a trabajar con un equipo que primero se componía de tres personas y luego aumentó hasta las 12 de la actualidad -administración y recepción incluidas-. De ellas destaca “su nivel de exigencia” y su entrega: “Un centro cultural no es una tienda, ni una empresa. Es un sitio en el que se trabaja con pasión. Y si no se hace así, esto no sale, no funciona. Si tú consigues que esa pasión que el equipo tiene individualmente se haga colectiva, seguro que lo que pasa en este centro se transmitirá al público”, explica.

Un equipo muy pequeño para todo lo que tiene que abarcar: “La gente ve Conde Duque y piensa qué grande. Pero nada de eso”, se queja Concha mientras detalla que el Centro Cultural, -la parte que gestiona ella- es solo una pieza de este enorme puzzle. Se encarga de las artes escénicas y ocupa el 30%, que se compone de teatro, auditorio, salón de actos, una sala de ensayo de teatro y danza, la sala polivalente y la sala de bóvedas. Aparte, Conde Duque cuenta en su interior con el Archivo de la Villa, la Biblioteca Musical Víctor Espinós, la Biblioteca Municipal, la Biblioteca Histórica, la Hemeroteca Municipal, el Museo de Arte Contemporáneo, las salas de exposiciones y las oficinas de Madrid Destino. Todas instituciones independientes pero que la parte cultural intenta implicar en sus programaciones.

En el momento de su llegada, uno de los grandes retos del centro fue el de abrirse a un entorno para el que era ajeno: “Conde Duque ha estado cerrado mucho tiempo, como una barrera. El barrio llegaba hasta aquí y rebotaba”, recuerda Concha Hernández. ¿Ha conseguido revertir esto su dirección del centro?, preguntamos: “Ahora mismo es un ágora, el barrio se ensancha a través de Conde Duque”, nos explica mientras detalla las iniciativas en las que están implicados colectivos de la zona, como la Escuela de Música Creativa, el Conservatorio de Amaniel, la exposición anual de Haciendo Barrio…

Concha Hernández tenía la ventaja de que conocía el entorno, porque creció en el barrio de Malasaña: sus padres, que venían de Ávila, abrieron una lechería en el 45 de San Vicente Ferrer y ella estudió en el instituto Lope de Vega. Ahora ya no vive en esta zona, pero se mueve cómoda entre sus calles y sus tiendas. La implicación con el tejido vecinal del centro cultural llegaba hasta a participar en las asambleas de la Plataforma Maravillas, y a acoger alguna de ellas en su salón de actos.

Conde Duque ha sido el principal impulsor del festival Symphonos y mantiene su presencia en la plataformaEntorno Conde Duque, que ayudó a crear. “Aunque siempre se puede llegar a más”, reconoce Concha. “Nos hemos abierto al barrio todo lo que hemos podido y lo que los medios materiales nos han dado, pero somos pocos. Nos ha faltado tiempo”, dice lacónicamente, con un suspiro del que sabe que podía haber llegado más lejos con un poco más. “Nos ha faltado tiempo”, repite.

“Cinco años” para asentar Conde Duque
Aunque Concha Hernández huye de cualquier tipo de polémica a la hora de valorar la gestión cultural del Ayuntamiento de Madrid, no puede evitar hablar de los tiempos que ha impuesto el equipo de Carmena para las nuevas direcciones culturales: solo tres años. “Toda institución cultural necesita tiempo para asentarse. Han pasado tres años desde que arrancamos. Al menos faltan dos años más, eso lo sabe cualquier gestor cultural. Tres años no son nada”, explica a la hora de valorar el espacio temporal que necesita un proyecto así.

“En cultura es muy importante la estabilidad, para que los proyectos se puedan afianzar”, añade como consejo, para el que lo quiera tomar. “Yo dejo esto en un punto muy bueno para los que vengan después, con un público muy diverso”, dice con orgullo, esgrimiendo cifras incontestables: 340.000 asistentes en 2016 frente a los 143.000 que visitaron el centro en 2014, un 90% de ocupación en sus funciones, con el cartel de no hay billetes colgado la mayoría de los días…

Ahora, mientras se desarrolla el festival de jazz que ella hizo revivir y recuerda alguna condecoración recibida, Concha Hernández piensa en lo que quedará de su paso por el centro cultural. “Nos gustaría que, como nosotros cuando llegamos, que recogimos proyectos que estaban funcionando y los ayudamos a crecer, algunos de los que dejamos no se perdieran”, anhela. Y añade otro consejo: “En cultura hay que ser innovador y también conservador con lo que te encuentras”.

Concha no está preocupada por su futuro, que seguirá ligado a Madrid Destino, como una trabajadora más: “Si pudiera hacer el festival de jazz y quedarme con la gestión de proyectos de ese tipo… no soy ambiciosa. Mi ambición es de proyectos, no de cargos. Porque todos estamos de paso y los cargos no valen para nada”. Y prefiere, para ejercer su labor, “tener autóritas que potestas, la segunda la tiene cualquiera, pero la primera no”.

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