Mensajes en la categoría Críticas

Los cascarrabias

Publicado en La Vanguardia el 19/05/2016

“¡Cela ha dicho coño en televisión!” Todavía creo oír a mi abuela recibiéndome con esa exclamación (entre horrorizada y admirativa, pobre mujer) un día que fui a comer a su casa, en los setenta… Ahora que se cumplen cien años de su nacimiento, es un buen momento para recordar a Cela, y preguntarse por la influencia que ha tenido su figura. Y ¡cómo no recordarle!… Los tacos y pedos que soltaba en público. Sus alusiones a lo bien que conocía putas y burdeles. El Diccionario secreto de palabras malsonantes. Su obsesión por sus enemigos: decía que cada mañana miraba la sección de necrológicas en el periódico a ver si había muerto alguno de ellos, y puso como dedicatoria de uno de sus libros: “A mis enemigos, que tanto me han ayudado en mi carrera”.

Desde luego, su influencia ha sido notable. El paisaje mediático que nos rodea está lleno de pequeños Celas. Periodistas o escritores prepotentes, iracundos (recuerden la cara de amargado que tenía su modelo); cascarrabias profesionales, que dedican cada uno de sus artículos a reñir, despreciar o ridiculizar a alguien. Que cuando reciben un premio no dan las gracias, e incluso aprovechan la ceremonia para repartir unos cuantos insultos. Que están convencidos de haber obtenido lo que tienen (que siempre les parece poco) exclusivamente por sus méritos, sin reconocer sus privilegios: haber nacido en una familia con posibles y tenido una buena educación, por ejemplo. Que entienden la libertad como derecho a no recibir la menor crítica (las tildan de “censura”) ni reconocer responsabilidad alguna hacia la sociedad en la que (y de la que) viven… Me permitirán que no diga nombres, pero seguro que los reconocen.

Como Cela, estos señores son perfectamente inofensivos. Sirven para fingir modernidad, transgresión, polémica, sin cuestionar nada. A la hora de la verdad, son ciudadanos conservadores, clasistas y machistas, que refuerzan el statu quo. Como Cela, que escandalizaba a las abuelas diciendo tacos (los señoritos siempre los han dicho), pero se casaba por la Iglesia, aspiraba a hacerse rico, y era homófobo, misógino, académico y marqués… Qué alivio fue para muchos de nosotros tener, en su misma generación, modelos diametralmente opuestos, como Ana María Matute. Qué alivio es hoy ver, como hemos visto estos días en Barcelona, que se puede ser intelectual con compromiso y ética, como Svetlana Aleksiévich.

Mujeres de quita y pon

Publicado en La Vanguardia el 5/5/2016.

Qué alegría me llevé el domingo pasado en el Museu d’Història de Catalunya. Dos años y medio antes, al visitarlo por primera vez, comprobé con desilusión –aunque por desgracia, sin sorpresa- cuánto se parece esta nueva historia a la vieja en un punto fundamental: apenas menciona a las mujeres; y así lo dije aquí (“Museo de Historia”, La Vanguardia 10-10-2013). No fui la única; en los últimos años, han surgido varias asociaciones que hacen campaña para que las entidades culturales no sigan actuando como si las mujeres no existieran (o no pudieran ser protagonistas, sino solo público). Por eso me alegró ver en el MHC una exposición, T’estimo, sobre la historia del amor. Se reconoce así que la vida privada, ámbito que ocupa gran parte de la vida femenina, forma parte de la Historia. Y aún celebré más ver que en las salas de la colección permanente hay ahora unos carteles de cartón con nombres y biografías de mujeres. En la de la Transición, por ejemplo, figuraban Victoria Sau, Mª Mercè Marçal (¿por qué no Lidia Falcón, por cierto?) y el movimiento feminista.

Pero mirándolo un poco más de cerca… ¿qué título tenían esos carteles? Leí: “Dones que parlen de dones”. Vaya: otra vez la vieja idea de que las mujeres “hablan de mujeres”, como si al hacerlo no estuvieran hablando de toda la sociedad… Caí entonces en la cuenta de que al explicar la revolución sexual de los 70, la exposición T’estimo la atribuye a “hippies y movimientos alternativos”: ni una palabra del feminismo, a pesar de las fotos de Pilar Aymerich en la sala de al lado (como la de una manifestación por el aborto, con una gran pancarta del Partido Feminista). Solo al salir y coger un folleto sobre “Dones que parlen de dones”, me enteré de que no se trata de un cambio permanente, sino de una exposición temporal por el 8 de marzo. ¡Acabáramos! Así se explica todo: los carteles de cartón (tan fácilmente reciclable), la omisión del feminismo al contar la revolución sexual, el hecho de que nada ha cambiado en el relato central que hace la colección permanente. Se ve que lo único que algunas instituciones han entendido es que, para que no les demos la lata, en marzo tienen que hacer un gesto: poner a alguna mujer en el escaparate. Pero solo a modo de decoración pasajera, como el abeto por Navidad, y luego volver a lo de siempre. Mujeres, sí, pero de quita y pon.

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