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Troyanas: de víctimas a sujetos políticos

Publicado originalmente en Otras Miradas de Público.es el 23/07/17

El valor de los clásicos reside en que no solo nos hablan del pasado, sino que también retratan el presente e incluso interrogan al futuro. Ese valor, que en el teatro se convierte en un ejercicio compartido de imaginación ética, es el que detectamos intacto y siempre fértil en la obra de Eurípides. La versión de sus Troyanas, que esta semana se ha estrenado en Mérida con dirección de Carme Portaceli y con una versión de Alberto Conejero, es una poética interpelación al corazón del patriarcado y a un orden que todavía hoy sigue convirtiendo en principales víctimas a las mujeres.

El gran acierto de esta versión, que no es casualidad que haya dirigido una mujer y que ha hilvanado un hombre que declara estar en camino de ser feminista, y a los que ha ayudado la dramaturga Margarita Borja, reside en la enorme fuerza que emana de un texto que nos habla de nosotros mismos, de las injusticias que vemos cada día en el telediario, de los niños muertos en Siria y de las mujeres violadas en cualquier guerra, de los náufragos del Mediterráneo y de las maquilas, en fin, de los hombres que siguen matando y de las madres que lloran las muertes de sus hijos. Este “desorden” dramático no es sino la expresión más brutal de un patriarcado que durante siglos se ha mantenido y prorrogado a través del ejercicio de múltiples violencias machistas, empezando por básica, que es la estructural y simbólica, que han convertido a la femenina en mitad subordinada. Sin voz ni voto, domesticadas y calladas, meros cuerpos que el semen y la sangre de los varones han convertido en territorios ocupados, las mujeres siempre han sido un territorio al servicio de los deseos e intereses masculinos: esclavas sexuales, botín de guerra, objetos de dogmas y reglas morales, vaginas violadas y úteros de alquiler.

Las Troyanas de Carme y Alberto, cuyos gritos de dolor desesperados se nos clavan en las tripas porque son gritos presentes, nos dejan absolutamente desnudos frente al espejo. A todas y a todos, pero sobre todo a nosotros, los sujetos históricamente detentadores del poder, de la violencia y de los privilegios. Masculinidades sagradas, como las califica Juan José Tamayo, que reproducen la ira de dioses varones vengadores. Hombres y dioses cómplices en la cultura de la violación, en la administración parcial de la Justicia, en la elaboración de leyes con las que mantener sus dividendos.

El desgarro de Hécuba, el grito sin final que Aitana Sánchez-Gijón convierte en eco del de millones de mujeres, es el primer paso para la conversión de las siempre víctimas en sujetos políticos. Ellas, las madres, las esposas, las hijas, las prometidas, las vendidas como objetos, son las que ocupan el escenario y hablan. Toman la palabra y se rebelan contra el mandato del silencio. Se atreven a desobedecer el “hágase en mí según tu palabra” y se agarran a la energía emancipadora del yo. Estas apátridas, que diría Virginia Woolf, son las primeras de una larga cadena de mujeres que con muchas dificultades se han ido empoderando y han ido cosiendo, con hilo violeta, pacifista y feminista, las hondas heridas que el patriarca ha ido dejando en el planeta Tierra. En lucha permanente con los que siempre hemos querido y queremos tener la última palabra y a la que más nos valdría abandonar la virilidad vergonzante de Taltibio, el mensajero de los dioses que interpreta Ernesto Alterio en esta versión recién estrenada,  y matar de una vez por todas al dios violento y el héroe sin escrúpulos que llevamos dentro. En nombre de la diosa Eirene y de los de tantas y tantas mujeres cuya sangre derramada convierte en vinagre el vino fecundo y alegre de la democracia.

Reseña del libro “La vegetariana” de Han Kang: El cuerpo pasivo

Publicada originalmente InfoLibre el 30/06/17

Premio Man Booker Internacional 2016, nueve años después de su publicación en Corea del Sur, la novela de Han Kang es una propuesta controvertida e interesante.

Interesante porque se trata de la historia de una mujer joven y aparentemente insustancial, Yeonghye, hasta que toma la decisión de dejar de comer carne. Una decisión que la llevará progresivamente a la pasividad frente a los otros y frente al mundo, y a una conducta autodestructiva vinculada a un deseo de unión con los árboles y la naturaleza, de disolverse y hacerse una con la tierra.

El interés de la historia es innegable. Bien llevada a través de tres voces –la del marido, el cuñado y la hermana de la protagonista–, estas cuentan desde sus distintas perspectiva episodios muy bien elegidos, que avanzan en el tiempo y muestran la voluntad inquebrantable y autodestructiva de Yeonghye. La insensibilidad del padre y del marido, la sensualidad que despierta en el cuñado, videoartista, y la personalidad protectora e hiperadaptada de la hermana sirven de contrapunto al silencio incomprendido de la vegetariana, que es interpretada por otros, como les ha sucedido en la historia de la humanidad a las mujeres.

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María Magdalena y Virgina Woolf. Pioneras de la igualdad

A las filósofas, teólogas, escritoras y artistas feministas, mis maestras y amigas, en sintonía

No he encontrado otra forma mejor de recordar a María Magdalena en su fiesta religiosa del 22 de julio que haciendo una reflexión sobre su figura bajo la inspiración del magnífico libro La resurrección de María Magdalena. Leyendas, Apócrifos y Testamento cristiano (EVD, Estella, 2008), la teóloga Jane Schaberg, y relacionando a María Magdalena y a Virginia Woolf. La mística escéptica y subversiva de la escritora británica sirve de modelo interpretativo a Schaberg para reconstruir la emblemática figura de María Magdalena en clave feminista. ¿Es ésta una alianza espuria? Creo que no.

Las diferencias entre ambas mujeres son ciertamente notables, pero también lo son las similitudes, al menos en el imaginario colectivo. Las dos son tenidas por “trastornadas” o “enfermas”: la una, “maniaco-depresiva, la otra, posesa; ambas están exorcizadas o autoexorcizadas y confiesan momentos de visión. Las dos resultan extrañas para el círculo patriarcal y ninguna de ellas es miembro del selecto grupo de los “Apóstoles”, o al menos han sido excluidas de dicho grupo por el poder patriarcal. Coinciden hasta en la vida póstuma: Woolf y la Magdalena son figuras para el mito y la leyenda e iconos en la lucha por la emancipación.

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El Festival de Mérida analiza el papel de las mujeres en las artes escénicas y la cultura en un encuentro

Publicado originalmente por 20minutos el 20/07/2017

Esta actividad ha sido presentada este jueves en el salón de actos del museo por el director del festival, Jesús Cimarro; la directora del Centro de las Artes Escénicas y la Música de Extremadura (Cemart), Toni Álvarez; la directora del MNAR, Trinidad Nogales; la coordinadora del encuentro y vicepresidenta del colectivo ‘Clásicas y Modernas’, Margarita Borja; así como la presidenta de Fundación SGAE, Inés París; y la directora del Centro Cultural Conde Duque, Concha Hernández.

Este foro, denominado ‘La construcción en el teatro clásico griego, sus personajes divinos y humanos’ y que reunirá a especialistas de distintos campos, se encuentra entre las actividades programadas para la 63 edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida.

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